Que sean todos una cosa, como Tú, Padre, en Mí y yo en Ti;
que también sean ellos una cosa en nosotros: para que el mundo
crea que Tú me enviaste (Jn 17, 21). Estas palabras del evangelio
de san Juan son las que pronunció Cristo en la noche memorable
en el momento más solemne. Se dirige al Padre eterno, para suplicarle
por sus discípulos y por todos nosotros en persona de ellos. Lo
primero que pide es que seamos todos una cosa, es decir, que vivamos en
la más perfecta unión, y el modelo de esta unión
es la que existe entre el Padre y el Hijo. ( ... ) Cuando meditamos esta
doctrina, y después la comparamos con nuestro vivir, si no estamos
ciegos, ¿qué deducimos?
Para ver el texto completo ir a documento adjunto; está en formato
PDF. 3 pág.
|