(Aunque el triunfo de
la organización Hamas en las recientes elecciones, ha abierto un
nuevo paréntesis de incertidumbre para el futuro del turismo en
la zona, es un hecho que en meses recientes se había iniciado un
paulatino retorno de los peregrinos. El esfuerzo hecho por agencias cristianas
y el Ministerio de Turismo de Israel estaba ya dando sus frutos y los
peregrinos estaban regresando a Jerusalén, Nazaret y Belén.
Testigo de ello ha sido Nieves San Martín, que ha viajado con un
grupo de peregrinos lombardos que mantuvo, entre otros, un encuentro con
el cardenal Carlo Maria Martini.)
JERUSALEN, (Enero 2006)- Las palabras escritas por Josefa Segovia a su
vuelta de la tierra de Jesús en 1955: "No
sé vivir, ni hablar, ni pensar sino de Tierra Santa”,
son aplicables a cada peregrino que vuelve de aquellos lugares.

Monjes ortodoxos porlas calles |

Desde una ladera |

Grupo de peregrinos con el Cardenal Martini |

Sede de la Institución Teresiana en Jerusalén |

Arco de entrada al Santo Sepulcro |

Lugar que marca el Santo Sepulcro |

Residencia Universitria que lleva la IT en Belén |

Aurora Cameno delante de lo que fue el Centro N. Dame |
El regreso de los peregrinos
La pasada Navidad, 2005 fue la primera vez,
en seis años, que Tierra Santa se acercó a los niveles
de peregrinos de antes de la segunda “intifada”. Se esperaban,
a pocos días de la celebración entre 30.000 y 50.000
peregrinos.
Benjamin-Gad Ninnayi, del Ministerio de Turismo de Israel, daba cifras
en noviembre de 2005 a un grupo de periodistas españoles invitados
por su Gobierno. El funcionario se mostró satisfecho porque,
se está llegando a los niveles de 2000, que fue el mejor año
para el turismo en Israel con 2.700.000 peregrinos a pesar de que
fue el año del inicio de la “intifada”. En 2001
y 2002, casi no llegó nadie, excepto judíos para sostener
al país.
Tras la efectiva campaña hecha por la Custodia de Tierra Santa
y diversas agencias de peregrinaciones, sobre todo italianas y estadounidenses,
los peregrinos superaron el temor para apoyar a los cristianos de
la tierra de Jesús.
Ya en 2003, las cifras iniciaron a subir: 873.000 peregrinos. En 2004,
1.400.000 y al final de 2005 se esperaba llegar a dos millones.
Antes de las recientes elecciones, el primer ministerio israelí
soñaba con tres millones en 2006 y con doblar la cifra en los
próximos años.
Israel ha invitado al Papa Benedicto XVI, cuya visita sería
un apoyo definitivo a la recuperación, como fue impactante
la visita de Juan Pablo II en 2000, antes de que se iniciara el conflicto
de las piedras.(NSM) |
Y la voluntad inquebrantable de la primera directora de la Institución
Teresiana de mantener una presencia en Tierra Santa tiene mucho que ver
con la fe y el realismo de una vocación de encarnación.
“Aquí, aquí, aquí...”, es la palabra
que más repite Segovia en su viaje.
Aquí, aquí, aquí, en el lago de Tiberíades,
en la casa de Pedro, en las callejas de Jerusalén, en las colinas
de Nazaret, Belén y Jericó, tocando la roca bajo los olivos
de Getsemaní y deteniendo las manos orantes en la losa rosada del
Sepulcro vacío, se llega a comprender lo que es tomar carne en
una tierra, un pueblo elegido, una cultura.
Cuando se llega al estupendo edificio en piedra de la Institución,
como casi todos los de Tierra Santa, en Jerusalén, se siente orgullo
de familia: saber que hay personas como éstas, firmes y fuertes
en una situación difícil. Sin alharacas, con un recibimiento
todo sencillez y vida hogareña a lo Poveda.
Llegar de la parte nueva de Jerusalén, orgullosa urbanización
judía, entrar en la parte árabe, donde vive la Institución
y ser detenida por una patrulla de control, hace aterrizar inmediatamente
en una realidad que vive en el miedo, la obsesión por la seguridad,
y la desconfianza cada vez más honda entre dos pueblos primos hermanos.
Trece asociados realizan la misión de la Institución Teresiana
en Tierra Santa, según leo en esta Página Web de la IT.
Trabajan en las bibliotecas de la Misión Pontificia, en La Universidad
de Belén y dando clases de español. Hemos podido hablar
con algunos en la sede de Jerusalén.
En la amplia biblioteca de la sede se ofrecen clases de español.
Una lengua que, cada vez más, interesa a los habitantes de Israel
y Palestina, porque puede ser una salida laboral hacia España y
América Latina. Los cristianos escapan de Tierra Santa, ante un
conflicto que los coge entre judíos y musulmanes, y les deja la
peor parte.
Fuentes franciscanas en Tierra Santa afirman que, entre 1840 y 2002, la
población cristiana de Jerusalén descendió del 25%
al 2%. En el mismo período la población judía creció
de 4.000 a 400.000 habitantes gracias a la inmigración; por su
parte, la natalidad ha favorecido a la población musulmana que
aumentó de 4.600 a 143.000 personas. Y la sangría hacia
otras tierras, sigue.
El Patriarcado Latino ha pedido a las autoridades y embajadas de diversos
países que no se lo pongan fácil a los cristianos para salir
de Tierra Santa. Una decisión dura que se comprende, porque hay
peligro de que el cristianismo vivido, no los monumentos, desaparezca
de la tierra de Jesús.
Aurora Cameno, con una vivacidad que asombra, igualita que hace treinta
años en Madrid y diez en Roma, y Elisa Estrada, hasta hace poco
bibliotecaria en la Misión Pontificia en Amán, atienden
la sede entre otras.
Amelia Prado da clases de español en el Instituto Cervantes de
Tel Aviv. “Es una ciudad en la que sólo se piensa en el dinero”,
dice Prado de su experiencia en esta ciudad artificial, llena de rascacielos,
cercana al aeropuerto Ben Gurión. Por lo que cuenta, la comparamos
a una “Las Vegas” oriental. Allí, dice, “no se
cree en nada”.
Hablan de la residencia universitaria de Belén encomendada a la
Institución por el Patriarcado Latino: el difícil trabajo
diario de apoyar a jóvenes, musulmanas en su mayoría --aunque
hay cristianas católicas y ortodoxas--, que buscan su identidad
y autonomía en una cultura y un ambiente donde su poder de decisión
es todavía una conquista por lograr.
Todo ello en el contexto lleno de espinas de Palestina, aunque este año
han reiniciado tímidamente las peregrinaciones. Da pena ver a los
artesanos de la ciudad natal de Jesús, a la puerta de sus talleres,
esperando la visita de algún comprador en una calle vacía
y a los niños rebuscar entre las basuras.
En cambio Jerusalén está llena de peregrinos y turistas.
Aquí, paseando por calles soleadas, con temperatura primaveral
en diciembre, no se nota, si no es por la constante vigilancia y los registros
para entrar en los museos judíos y el Muro occidental del Templo
de Jerusalén, la guerra soterrada que viven israelíes y
palestinos todos los días, aunque no haya atentados.
Los voluntarios de diversas asociaciones afirman que la situación
“es un callejón sin salida”. “Ayúdennos
a los palestinos e israelíes a divorciarnos”, dice Anne Le
Meignen, judía, fundadora con el judío dominico Bruno Hussar,
de la aldea intercultural Neve Shalom, que se manifiesta todos los viernes
con un grupo de mujeres israelíes contra el Muro y pide que se
salga de los territorios ocupados. Según Le Meignen, es necesaria
la separación total de los dos pueblos, una especie de “divorcio
consensuado”, la tesis del escritor Amos Oz, y dejar que se decante
la situación, cada pueblo por su lado, antes de que se pueda hablar
de convivencia o de paz.
Pero esta tierra era ya territorio discutido en tiempos de Jesús.
Las patrullas romanas vigilaban y tenían bajo control a su pueblo.
Ver los lugares de la masacre perpetrada por el Imperio en Massada y Qumran
contra los hebreos, abre los ojos. Nunca tuvo paz esta tierra. Por ello
contemplar Jerusalén desde donde la vió Cristo y lloró,
es tocar con la mano su profecía.
Texto, Nieves San Martín
Fotos, Nieves San Martín y Archivo AC
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