
Francesca Zabotti, Vicepresidenta Nacional de Acción Católica
Italiana, da la bienvenida. En el panel, de izq. a derecha: Aquilino
Bocos C.M.F, Prof. Gianni Labella, Mons. Renato Boccardo, Prof. Marco
Gallo y Stefano Visintin O.S.B |

Carmen Aparicio salauda al obispo de Chascomús, Argentina,
Carlos Malfa. Delante, Mons. Renato Boccardo |

El profesor Marco Gallo y el teólogo Dom Stefano Visintin |

Fotografia del Cardenal Pironio que presidió el acto |

Fieles y seminaristas llenan la capilla |

Mons. Bryan Farrell , Secretario Pontificio del Consejo para la
Unidad de los Cristianso saluda a Fausto de Saba de Percoto, Udine,
pueblo natal de los padres del Cardenal Pironio
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ROMA.- ( Febrero, 2007).- Nueve años después de su muerte,
el cardenal argentino Eduardo Francisco Pironio ha sido recordado como
un ‘profeta moderno’ que anunció las maravillas de
Dios, supo interpretar los signos de los tiempos, llamó a la conversión
y denunció el mal y la injusticia.
Lo hicieron obispos, historiadores y teólogos durante una jornada
de reflexión en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de los
Legionarios de Cristo, en Roma, el pasado 6 de febrero. Durante la Eucaristía
con que finalizó la jornada, la fama de santidad del Cardenal Pironio
fue confirmada por el Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarsicio
Bertone quien reconoció que el Siervo de Dios había sido
“presencia del Señor para muchos. Presencia llena de gracia,
de cordialidad y sencillez que irradiaba la santidad de Dios como luz
en nuestro camino”.
La jornada fue organizada por la asociación creada para dar a conocer
su figura y recaudar fondos para su causa.
“Ha sido importante recordar al Cardenal a los siete meses de haber
sido abierta su causa de beatificación”, dijo Carmen Aparicio
uno de los miembros fundadores de la Fundación Cardenal Pironio.
“Nos proponemos dar a conocer la figura del Cardenal,” dijo
la profesora en la Facultad de Teología de la Universidad Gregoriana,
en Roma. “Ya son muchas las personas que no lo conocieron y es importante,
ahora que empieza su causa de beatificación, no solo no olvidarlo
sino conocerlo con más profundidad”.
Miembro de la Institución Teresiana, la profesora recordó
sus 10 años de trabajo con el Cardenal en el Pontificio Consejo
para los Laicos y dijo que su experiencia confirmaba lo que habían
expresado los conferenciantes.
“Él era una persona de referencia para todo el personal del Dicasterio”
dijo. “Seguía de cerca todas las situaciones de las personas,
con una cercanía particular los más necesitados de cariño.
Y aunque no todos entendían su forma de estar -lo que le hacía
sufrir-, él siempre hizo lo que pensaba debía hacer”
subrayó. “La puerta de su despacho siempre estaba abierta”.
Ella pudo observar durante esos años la capacidad del Cardenal
“para estar cerca de grupos muy distintos y todos se han sentido
únicos en el trato con él”. Esto para ella es algo
“que requiere una gran confianza en la acción del Espíritu
y una gran libertad de espíritu”.
También el padre Fernando Verges L.C., secretario particular del
Cardenal desde su llegada a Roma en 1976, quedó impresionado por
lo que afirmaron los conferenciantes “me impresionaron porque me
hicieron ver la labor del Cardenal que uno ha vivido cerca de él
como una cosa normal, pero dicho por otros, ahora impresiona la labor
desarrollada”. Comentó que el espíritu de la Jornada
era en parte celebrativa y “para mantener vivo el recuerdo de la
persona y obra del Cardenal”.
En nombre de los Legionarios de Cristo, el padre Jacobo Muños,
Director Territorial para Italia e Irlanda dirigió unas palabras
de bienvenida al acto, que moderó Francesca Zabotti, Vicepresidenta
Nacional de la Acción Católica Italiana.
Durante las cinco conferencias que se fueron sucediendo, expertos y conocedores
del servicio de Mons. Pironio a la Iglesia situaron su figura en el contexto
histórico que le tocó vivir y hablaron de su trabajo pastoral
como sacerdote y obispo, de su pensamiento teológico, su predicación
comprometida, su impulso renovador de la vida consagrada y su creatividad
para construir nuevos caminos para el laicado.
“Aunque muerto, habla todavía. Ni su semblante se ha borrado,
ni su voz se ha extinguido”, afirmó el sacerdote claretiano
Aquilino Bocos Merino al recordar el servicio del Cardenal como Prefecto
de la Congregación vaticana para la Vida Consagrada e Institutos
Seculares durante siete años.
“Su vida y su palabra guardaban unidad y hacía que fuera
creíble, que tuviera autoridad en lo que decía, que diera
seguridad en los tiempos difíciles”, señaló,
recordando sus años de trato asiduo con el Cardenal durante sus
dos periodos como Superior General de los Misioneros Claretianos.
De su experiencia en esos años aportó datos que ilustraban
el “amplio e intenso servicio de animación” y el empeño
del Cardenal por la renovación de la Vida Consagrada y además
añadió que, después, desde el Consejo para los Laicos
“abrió nuevos horizontes para los religiosos ”.
El Cardenal fomentaba
la “circularidad de comunión entre clérigos, religiosos
y laicos “ y la idea de que los religiosos compartieran
la espiritualidad y la misión con los laicos.
“Era un hombre con visión de futuro”, en quien se cumplía
aquello que decía Francisco de Quevedo: “la presencia del
rey es la mejor parte de lo que manda”, porque “había
aprendido muy bien del Evangelio que la presencia de Cristo entre los
apóstoles causaba paz, valentía, firmeza”. Para el
padre Bocos “Pironio fue un hombre guiado por el Espíritu”,
de quien el hermano Roger, de la comunidad ecuménica de Taize había
dicho: ”Pironio, hombre de Dios, irradiaba la santidad de Dios en
la Iglesia. Cuántas veces me ha ocurrido decir: actualmente los
santos existen y el Cardenal Pironio es uno de ellos”.
El cardenal Pironio nació el 3 de diciembre de 1920 en la ciudad
de 9 de Julio y se ordenó sacerdote en 1943. Fue obispo de Mar
del Plata, secretario y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano
(CELAM), prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida
Consagrada y presidente del Consejo Pontificio para los Laicos desde donde
inauguró la celebración de las Jornadas Mundiales de la
Juventud.
Falleció a consecuencia de un cáncer óseo el 5 de
febrero de 1998 a los 78 años. Su causa de beatificación
fue introducida el 6 de Junio de 2006 en Roma lugar en el que murió.
Promueve la causa la Conferencia Episcopal Argentina en donde ya se han
iniciado la ‘rogatoria’ de testigos. Se ha concluido el parecer
teológico de sus escritos y los historiadores trabajan para situar
su figura en el contexto histórico.
Esto es lo que hizo el profesor Gianni Labella en su intervención,
situando la vida del Cardenal en el momento en que se inicia “un
nuevo diseño pontificio hacia América Latina del que Pironio
es uno de los artífices”. Para el profesor de Historia Contemporánea
en la Universidad de Roma, el Cardenal estuvo marcado por su vivencia
del Concilio Vaticano II y por su amistad con el papa Pablo VI, iniciada
cuando le presentó los Documentos de la II Conferencia de los
obispos de América Latina, celebrada en Medellín, Colombia,
en 1968.
El entonces Secretario del CELAM tuvo a cargo la interpretación
de los signos de los tiempos y diseñó la idea cristiana
de liberación vinculando la evangelización, el desarrollo
humano y la justicia. Labbella recordó las condenas de la violencia
en Argentina y su llamamiento a la reconciliación y la justicia
durante los años del gobierno de María Estela Martínez
de Perón en que el Cardenal recibió amenazas de muerte.
Él rechazó la custodia personal argumentando "No puedo
aceptar eso. Primero porque confío en la protección de Dios.
Segundo, porque considero inaceptable que un obispo desarrolle su labor
rodeado de guardaespaldas. En tercer lugar porque pueden atentar y no
sólo matarme a mí, sino matar a un custodio; y su vida vale
tanto como la mía".
Pablo VI decidió trasladarlo a Roma y le nombró Prefecto
de la Congregación de Vida Consagrada.
“Pironio llega a Roma y con él llega toda la Iglesia latinoamericana
que ha pasado de ser iglesia misionada a Iglesia misionera” subrayó
el conferenciante.
A su intensa actividad promoviendo la renovación de la vida consagrada
siguió su actuación como Presidente del Pontificio Consejo
para los Laicos desde 1984, en donde le conoció Mons. Renato Boccardo,
hoy Secretario del Gobernatorato en el Vaticano. Él aún
recuerda las primeras instrucciones recibidas del Cardenal. “Aquí
hemos de ser arquitectos, no bomberos”.
Mons. Boccardo dijo de él que ha creado escuela y camino para laicos,
sacerdotes, consagrados, jóvenes y adultos. Resumió las
líneas recurrentes de las enseñanzas de Pironio sobre los
laicos utilizando las ‘ternas’ tan características
del Cardenal: su carácter sagrado, secular y comunitario; su compromiso
en la Iglesia y en el mundo para evangelizar, santificar y animar. “No
es la suya una religión de conquista sino de levadura que transforma
la masa”, dijo. “Que sazona y anima lo temporal” y vive
una triple fidelidad al Cristo del Evangelio, a la comunidad eclesial
y al mundo, con mirada positiva y optimista sobre el mundo y la Historia.
Para el doctor Marco Gallo la predicación fue parte esencial del
Cardenal pero sobre todo, señaló, Pironio hablaba con su
vida. Irradiaba lo que predicaba.
Su pensamiento teológico no se encierra en tratados sistemáticos,
puntualizó el teólogo Stefano Visintin O.S.B. sino
que se encuentra “en su predicación del evangelio a los hombres
de nuestro tiempo”. El punto común es su carácter
sapiencial que nace de una experiencia vivida. El teólogo puntualizó
que en Pironio hubo unidad entre pensamiento y experiencia de vida. Esencialmente
su camino es de esperanza que se centra en el misterio pascua, en el amor
del Padre y en María.
Su esperanza es activa y creadora. Su pensamiento no es sólo de
transformación personal sino que se abre a la sociedad y a lo político.
Así, su teología de la liberación no es material
sino que abarca al hombre total para liberarlo del pecado y sus servidumbres
para que pueda construir la historia y ser ‘señor ‘
a imagen de Cristo.
Para Mons. Pironio, dijo, transformar el mundo y crear una sociedad nueva
exige recorrer el camino de Cristo y de su Pascua. Por todo ello, el teólogo
calificó al Cardenal como: ”profeta moderno que anuncia las
maravillas de Dios a la luz de la experiencia personal, que interpreta
los signos de los tiempos y la liberación, que llama a la conversión
y denuncia el mal y la injusticia”.
Texto y fotos, ARACELI CANTERO
En Roma
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