
El joven Mauricio Illescas junto al cartel |

El obispo Raúl Vera López con el padre Javier Acero |

Los peregrinos en la Basílica |

Momento de la Eucaristía en la Basílica de Guadalupe |
MEXICO D.F. (Octubre, 2007).- Con una manta en la que se plasma el deseo
conjunto del creer, soñar, arriesgar, la Institución Teresiana
en México caminó, como cada año, a la Basílica
de Guadalupe, para reafirmar su fe y colocar bajo la mirada de María
de Guadalupe, los sueños, proyectos, metas y anhelos de quienes
comparten la vida en cada una de las obras y presencias donde la Institución
está presente.
La peregrinación se llevó a cabo el día 15 de septiembre,
un caminar en el que se unió y se hizo presente el recorrido realizado
hacia Covadonga, lugar donde se proyectó, se vio, por decirlo así,
el desarrollo de la Obra, cumpliendo los deseos de Pedro Poveda “de
buscar siempre la luz en el lugar mismo en que tuvo su origen la Institución”
y un día de fiesta también en que se conmemora en México
un aniversario más de la Independencia Nacional.
El contingente estuvo conformado por personas de diversos centros educativos,
(Instituto María Isabel Dondé, Escuela Pedro Poveda Fundé
de León), organizaciones sociales (Centro de Estudios Ecuménicos,
Centro de Desarrollo Comunitario), familiares, amigos y diversas presencias
donde miembros de la Institución Teresiana están realizando
su misión.
Con el rezo del rosario, el grupo elevaba a María los deseos de expresar
su amor y devoción, muchas voces que se unían en una sola
con cantos y manifestaciones y el deseo de caminar sin desfallecer…
Así es como llegaron a los pies de María de Guadalupe. En
el recinto mariano fueron acogidos por Mons. Don Raúl Vera López,
obispo de la Diócesis de Saltillo, Coahuila, quien presidió
la celebración Eucarística.
El Obispo recordó el sentido de estar en la casa de María
de Guadalupe, ella, - dijo- fue una mujer sencilla, pobre, pero que hizo
oír su voz en medio de un pueblo que sufría también
la marginación, el despojo, porque donde hay pobres, hay ricos
que los someten, pero es necesario avanzar y dar pasos firmes, subrayó.
Dijo que Ella creyó que lo que Dios hacía en su vida, era mostrar
la confianza en quien le había elegido, y que el Señor manifestaría
su justicia y su amor, principalmente para los que menos tienen. Por eso
dijo que no hay que desfallecer, sino mantenerse firmes, confiar y caminar
hacia lo posible donde parece que lo imposible es lo que reina.
El Obispo se dirigió a los peregrinos de la Institución
Teresiana, llamando a encarnar en su vida los gestos de San Pedro Poveda,
quien mirando a los pobres de las cuevas de Guadix no permaneció indiferente.
Fue un hombre- dijo- que no sólo observó sino actuó
por ellos, devolviéndoles la dignidad y valor a su vida mediante
una educación y preparación que les hiciera y formara como
personas críticas, auténticas, veraces, que dieran razón
de su ser. Es un llamado que no puede quedar en el pasado y que debe actualizarse
en donde los miembros de la Institución Teresiana están
presentes y testimoniar el por qué de su ser y actuar desde la
figura de este hombre santo, humano y profeta de su tiempo. Y pidió
que en cada lugar donde están las personas de la Institución
–dijo- se esté haciendo lo posible por devolver la dignidad
a las personas en una realidad donde el sistema oprime al más pobre
y débil.
En el momento del ofertorio se presentaron diversos símbolos:
- Un ramo de flores, presentado por una familia, haciendo alusión
a la diversidad de la Institución Teresiana, niños, jóvenes,
familias, personas de la tercera edad, quienes reafirmaban una vez más
su amor y esperanza a la Guadalupana.
- Un rebozo de colores que simbolizó la presencia de la Institución
en los diversos países donde está presente.
- Algunos documentos de la Institución expresando su identidad
y misión hoy, para continuar en el camino de construir una sociedad
más humana y justa.
- El pan y el vino que dan ánimo para vivir a Jesús como
centro de la existencia.
Los cantos de la Eucaristía fueron amenizados por un grupo de
madres de familia de la Escuela Pedro Poveda Fundé y personas de
la Institución Teresiana.
Para finalizar este caminar y con el corazón reanimado por la esperanza
y la fe celebrada en comunidad, los asistentes se reunieron en el Instituto
María Isabel Dondé para disfrutar de una comida en la que
las personas compartieron la experiencia vivida y dando espacio para escuchar
al coro de señoras, madres de familia de la Escuela Pedro Poveda
Fundé, quienes amenizaron con sus cantos este momento.
Texto, PATRICIA ROSANO
Fotos, Pilar Segarra
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