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Espacio de reflexión del Consejo de Cultura

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MADRID. España.
El Consejo de Cultura de la Institución Teresiana inicia un espacio de reflexión bajo el título “Signos de interrogación”, escrito por Manuela Aguilera, directora del mismo, quien expresa que “una de las finalidades de esta entidad es Propiciar el impulso a la reflexión y a la creación de pensamiento”.

“El Consejo de Cultura tiene presente la responsabilidad específica asignada a todo el Pueblo de Dios por el Concilio Vaticano II de 'auscultar, discernir e interpretar los signos de los tiempos' (GS, 44a) en cada momento histórico". Por lo tanto, acoge y desarrolla la tarea de conocer e interpretar las culturas y aquellos signos que caracterizan el presente, expresan las necesidades y las aspiraciones de la Humanidad y retan a la misión de la Institución Teresiana. Todo ello, desde una clave que quiere no sólo interactuar,  incidir y transformar la realidad, sino que reconoce, a la vez, que somos transformados por ella.

Intentamos con esta nueva sección crear un espacio en el que analizar y reflexionar sobre aspectos de la realidad desde una perspectiva global. Tarea ardua y difícil, aunque a menudo los cristianos nos recordamos la indispensable necesidad de aunar lo local y lo global, sabiendo que la realidad en la que actuamos y queremos transformar se ha "ampliado"…, que no se acaba en nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestro país... alcanza todo el planeta. Lo local y lo global se cruzan, se mezclan, se fusionan en constante movimiento. Sabemos, también, que somos herederos y herederas de una cultura globalizada que legitima la vida intrascendente, la debilidad de pensamiento, que vive inmersa en las esencias del consumo, la moda, el cuerpo, el dinero, el éxito… expulsando a los más débiles hacia los márgenes. Aunque los signos de nuestro tiempo también nos hablan de mucha bondad, talento, creatividad, búsquedas auténticas y valores profundos atravesando el presente… Formamos parte de sociedades complejas en las que se dan cita identidades, culturas, lenguas y religiones diferentes, en medio de cambios vertiginosos de todo tipo que hacen que vivamos este momento cultural a veces con preocupación y desconcierto…, aunque con la certeza de que para hacer entender el Evangelio hoy, hemos de comprender las preguntas e inquietudes del ser humano hoy, hablar su lenguaje y ofrecer una palabra sostenida por una vida creíble y encarnada.

Emprendemos este viaje sin equipaje apenas, con el consabido temor que inspira el territorio inexplorado y sin andaderas. Las nuevas rutas casi siempre se concretan a medida que se hacen.LOGO

Trata de personas: víctimas invisibles del siglo XXI

La trata de seres humanos es la versión moderna de la esclavitud. Si bien en 1926 Naciones Unidas reconocía la abolición formal de la que había sido una de las mayores lacras de la condición humana de la Humanidad durante siglos1, la esclavitud continúa siendo una realidad en la sociedad global del siglo XXI.

Según Naciones Unidas, la delincuencia organizada es una de las industrias más rentables del mundo, con un valor de más de 12 billones de dólares anuales. Como era de esperar, el tráfico de drogas y la trata de personas se encuentran entre las primeras del ranking, seguida de la venta de medicamentos falsos por Internet, el contrabando de inmigrantes, el tráfico de órganos, el de armas, el de recursos naturales (madera, petróleo, metales y plantas preciosas…), la piratería y la falsificación (que representa el 7% del comercio global) y los delitos cibernéticos (se calcula que un mínimo de 1,5 millones de usuarios de internet son víctimas cada año de robo de identidad, fraude con la tarjeta de crédito o limpieza de cuenta bancaria).

Pero, sin duda, es la trata la que más crece en el planeta, a razón del 10% cada año. Según estimaciones de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, OSCE, el tráfico ilegal de seres humanos había alcanzado en 2005 un volumen de negocio superior los 32.000 millones de dólares anuales, mientras que hoy esa cifra podría haberse triplicado.

La mayoría de las víctimas son mujeres y niñas que caen en manos de criminales sin escrúpulos, son explotadas sexualmente y obligadas a trabajar en condiciones de esclavas. Se estima que más de la mitad de las víctimas son menores de 18 años y no existe país que se salve de este asqueroso comercio. Los especialistas buscan hacer una diferencia entre el tráfico humano y el de inmigrantes, pero la línea que los separa es muy difusa. El tráfico humano circula en una dirección similar al tráfico de drogas: del mundo en desarrollo al mundo desarrollado.

¿Qué es la trata?

El Protocolo de Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas define la trata como: la captación, transporte, traslado, acogida o recepción de una persona recurriendo a la amenaza o abuso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, fraude, engaño o abuso de poder o de situación de vulnerabilidad o a la concesión de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona. En estas condiciones, la explotación de la víctima puede revestir diversas formas: explotación sexual, laboral, trabajos forzosos, tráfico de órganos o servidumbre.

Aún siendo muy difícil calcular las dimensiones del problema, la International Organization of Migration estima en cuatro millones el número de mujeres y niñas explotadas en la prostitución o forzadas a casarse en el mundo. Otros estudios sobre la prostitución calculan que ocho de cada diez mujeres que ejercen la prostitución lo hacen como víctimas de la trata.

En ninguna otra actividad ilegal los Derechos humanos son tan ultrajados como cuando las mujeres y las niñas se transforman en una mercancía de consumo para el placer de algunos. Las mujeres quedan convertidas en mero capital financiero, en objetos de satisfacción de todo tipo de egoísmos y perversiones de “los clientes”, en víctimas privadas de su dignidad. La figura del denominado “cliente” es de gran importancia, ya que es quien fomenta el círculo de explotación: “sin cliente no hay prostitución”. Es necesario tener presente que al hablar de los “clientes” como generadores de demanda, se hace referencia no sólo a los usuarios de prostitución, sino también a los propietarios de esclavos y a los consumidores de productos fabricados por víctimas de trata.

La sociedad es cómplice al tolerar estas situaciones, permitiendo que la figura del denominado “cliente” quede invisibilizada. De este modo, la atención recae en la víctima, estigmatizándola y haciendo extremadamente difícil la persecución a los tratantes. De cualquier manera, como periodista, abomino del término “cliente” y abogo por el de “prostituidor” porque apunta a una acción, a una conducta. Son los prostituidores los que (re)construyen el mercado prostitucional en su aspecto cuantitativo y cualitativo. Lo que define el “hacer” del prostituidor es la conversión de la mujer sujeto en objeto. Objetualizadas las mujeres, entran en el mercado para ser usadas/abusadas, para ser comercializadas por proxenetas y prostituidores. Los prostituidores son parte integrante decisiva de la prostitución. La prostitución no es un fenómeno constituido por mujeres prostituidas en donde el prostituidor es un elemento externo que hace uso/abusa de lo ya existente. El prostituidor, en este mercado prostitucional, es la demanda que crea la oferta.

Los flujos migratorios, la tragedia de los refugiados, las desigualdades sociales, las guerras, la globalización y las nuevas tecnologías de la comunicación constituyen el caldo de cultivo de un fenómeno que ha crecido de forma alarmante en los últimos años. Y si bien el negocio de la prostitución y la explotación sexual ha sido un negocio tradicional del crimen organizado, en los últimos años ha supuesto una oportunidad criminal transnacional alternativa frente a mercados mucho más fiscalizados o explotados como el tráfico de drogas.

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Perfil de las víctimas

El 80% de la trata son mujeres, el 74% tiene menos de 25 años, más del 55% son solteras, divorciadas o separadas y el 27% tienen hijo2. Los estudios realizados por entidades y organizaciones no gubernamentales encargadas de la protección de las víctimas de trata nos alertan reiteradamente sobre su situación de vulnerabilidad: son víctimas de amenazas y abusos por parte de sus captores, son extranjeras en situación irregular en el país de explotación y padecen graves secuelas físicas y psicológicas como consecuencia de los abusos y la explotación sexual reiterada.

Según uno de los pocos estudios existentes sobre los riesgos de salud de las víctimas de trata, éstos se producen en las diferentes fases de la trata. Con anterioridad al proceso de trata, la violencia física sufrida por las víctimas (60%) es superior a la violencia sexual (32%). Esta proporción se invierte durante el transporte al país de destino, donde el abuso de carácter sexual (90%) es ampliamente superior al físico (76%). Finalmente, en la fase de explotación, los abusos sexuales son más graves durante los primeros días, pero a largo plazo las secuelas y los problemas físicos son los más abundantes y persistentes3.

En relación a las consecuencias físicas y psicológicas de la trata con fines de explotación sexual, los estudios destacan con mayor frecuencia los siguientes: 1) problemas físicos, como lesiones, roturas de huesos, quemaduras, cortes o heridas, trastornos alimentarios, problemas de sueño, fatiga o relacionados con la privación de necesidades básicas; 2) problemas relacionados con la salud sexual o reproductiva, como violaciones y abusos sexuales, prácticas sexuales traumáticas, abortos y embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, etc.; 3) consumo y dependencia de medicamentos o drogas como forma de sometimiento y explotación; y 4) problemas de tipo psicológico, como estrés agudo, estrés postraumático, ansiedad, fobias, ataques de pánico y depresión.

La reclusión forzosa a que se ven sometidas las víctimas por parte de sus explotadores les impide tomar conciencia de su victimización y acudir a las autoridades en busca de ayuda.

Como mujer y miembro de la Institución Teresiana, saber que miles de mujeres son víctimas de este delito nauseabundo, que nos denigra como seres humanos si no lo enfrentamos, me empuja a escribir y constatar la gran cantidad de desinformación al respecto y la necesidad de exigir a los Gobiernos que acaben de una vez con todo ello. Primero, apelando a la razón ética y, segundo, porque todos los Estados están obligados, pues como establecen los Principios de Reparación de la ONU: el Estado debe garantizar una atención especial a las víctimas de trata como parte del colectivo de víctimas detrato violento o trauma4.

Suecia por ejemplo, introdujo desde 1999 una ley que penaliza la compra de servicios sexuales y despenaliza la venta de dichos servicios. En dicho país la prostitución es considerada como una forma de violencia masculina contra mujeres, niñas y niños. Desde entonces las cifras de las víctimas se han reducido considerablemente. Gracias a dicha legislación, el comercio sexual en las calles prácticamente ha desparecido de las grandes ciudades. En Estados Unidos, por su parte, ya no sólo se castiga a los explotadores sexuales sino también a los turistas estadounidenses que tienen relaciones sexuales con menores de edad en el extranjero.

Con todo, la sola legislación que los Estados dediquen a la trata no es suficiente. No se habría acabado con la esclavitud en América del Norte en el siglo XIX sólo regulando las condiciones en las que se hubiera permitido ser esclavo a una persona. Se acabó con la esclavitud porque se consideró que ninguna persona humana podía tener la consideración de esclavo y desde este punto de partida se estableció un sistema en el que se garantizó dicha premisa, se persiguió penalmente a los traficantes de esclavos, se impidió la subordinación social de un ser humano a otro y se prestó protección a las personas víctimas de la esclavitud, es decir se creó un sistema abolicionista de la esclavitud por considerarla crimen contra la humanidad.

Turismo sexual

Parte importante de la trata es el llamado turismo sexual que se ha convertido en una categoría más de los viajes contemporáneos, al mismo nivel que el turismo cultural, el rural o el playero.

A nivel global este tipo de turismo victimiza a millones de seres humanos y reporta unas ganancias anuales de más de 30.000 millones de dólares.

Como escribe la economista Carmen Reinhart, la globalización de la pobreza ha arrastrado hacia esta nueva forma de colonización. En este contexto, “las mujeres de la periferia se convierten en el último bien (recurso virgen) que puede ser objeto de comercio sin escrúpulos”. En el plano de los roles, también se apunta la siguiente teoría: los países empobrecidos se encuentran psicológicamente forzados al papel femenino de servidumbre, contra su voluntad, mientras que los países enriquecidos, que buscan su satisfacción, adoptan el rol masculino. Los estudios son concluyentes, de la mano del turismo sexual llega la explotación de los menores y el tráfico de personas.

Dado que es un consumo masivo, requiere una disposición masiva de productos. Siguiendo el rastro de la publicidad, no disimulado, sobre los destinos sexuales, se reproduce el patrón de mujer pasiva, sumisa y complaciente, en la oferta. El lenguaje turístico es fiel reflejo de la ideología patriarcal.

Y si la prostitución de los adultos es materia de debate y de posiciones muy enfrentadas, la de menores está universalmente condenada. Más de dos millones de niños y de niñas se incorporan cada año a la rueda de la explotación sexual. La entrada de turistas en Camboya ha aumentado en un año un 65%, provocando una fuerte subida de la explotación de menores.

Durante la celebrada Copa del Mundo en Suráfrica, en 2010, la prostitución infantil aumentó un 30%. Y en la de Alemania, en 2006, un estudio vinculó claramente la explotación sexual de los menores con el aumento del consumo de alcohol. UNICEF denuncia que el 30% de los menores entre 12 y 18 años en Kenia están implicados en la industria del turismo sexual.

En esta sociedad nuestra del siglo XXI, civilizada y global, en la que la libertad, la igualdad y la democracia parece que se expanden por todos los continentes, es desolador y moralmente inaceptable que millones de mujeres y niñas, sean explotadas, abusadas y esclavizadas por repugnantes mercaderes de la miseria humana.

La esclavitud ha acompañado siempre al ser humano dejando al descubierto lo más inhumano de su naturaleza. De Norte a Sur, de Oriente a Occidente, ya sea en sociedades primitivas o modernas... Denunciarla hoy, equivale a denunciar el ambiente que la genera: los esclavos del siglo XXI son hijos de la guerra, las migraciones humanas, la competitividad despiadada de los mercados, la exigencia de abaratar costos y de la angustia y el dolor de los empobrecidos de la tierra.

El debate de la trata será el debate del siglo XXI. Las redes de tráfico de seres humanos, ya sea para la explotación sexual, los trabajos forzados o el tráfico de órganos, se extienden por todo el planeta, siendo las mujeres y las niñas las más vulnerables quizá debido al bajo estatus social de las mujeres, a la pobreza, y a la falta de oportunidades educativas y profesionales. En muchos países, los responsables de formular políticas reconocen la necesidad de atacar estos problemas promoviendo la igualdad y equidad de género. En los casos en que las mujeres tienen mejores oportunidades de educación, cobijo, alimentación, trabajo, acceso a sistemas legales y políticos, y protección contra la violencia, su vulnerabilidad al tráfico de personas se reduce. Todos y todas podemos poner nuestro grano de arena para que la explotación y la esclavitud de seres humanos pasen a formar parte del más oscuro pasado de la humanidad.

Manoli Aguilera
Directora Consejo de Cultura



1 Convención sobre la Esclavitud (1926) y Convención Suplementaria sobre la Abolición de la Esclavitud, la Trata de Esclavos, y las Instituciones y Prácticas Análogas a la Esclavitud, aprobada en Ginebra el 7 de septiembre de 1956. Entró en vigor el 30 de abril de1957.

2 Revista Gaceta Sanitaria. Septiembre-octubre 2011, vol 25, nº 5: La explotación y trata de mujeres con fines sexuales: el papel del sector salud. Andrea Giménez-Salinas Framis.

3 Revista Gaceta Sanitaria. Septiembre-octubre 2011, vol 25, nº 5.

4 Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas de violaciones de las normas internacionales de derechos humanos y del derecho internacional humanitario a interponer recursos y obtener reparaciones. Resolución 2005/35, Comisionado de los Derechos Humanos de Naciones unidas, 19 de abril de 2005.

 

 

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