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Una historia con la mirada en lograr lo que se puede

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BUENOS AIRES, Argentina.
La historia de Constanza Orbaiz nos hace pensar que “siempre funciona la mirada puesta en lo que se puede”. Al nacer sufrió parálisis cerebral. Hoy es una exitosa psicopedagoga formada en la estela de Poveda.

1114-2Al nacer sufrió parálisis cerebral, trabajó en su desarrollo e integración acompañada de su familia, amigos e instituciones en las que estuvo. Estudió psicopedagoga en el Instituto Pedro Poveda de Buenos Aires. Hoy ejerce su profesión en forma particular y en un colegio. Creó el proyecto “Desde adentro, una mirada diferente”; ofrece talleres sobre discapacidad. En 2013 recibió el premio bienal Alpi y el premio TOYP “Joven sobresaliente de Argentina” de la Cámara Junior Internacional.

A principios de mes contó su historia en TEDx Talks Río de la Plata y alcanzó gran repercusión. Es una historia con poder un distinto, creativo, potenciador, inteligente. Su mirada sobre las personas nos hace más personas. 

El diario Clarín de Buenos Aires también reparó en Constanza y en su sección Mundos íntimos cedió espacio a su palabra. Presentamos una síntesis del artículo (y la posibilidad de leerlo completo al final de esta nota. Ver el vídeo de TED Talks y visitar su blog).

Mi nacimiento, mi primer problema

“Voy a empezar con un dato que parece obvio pero no lo es tanto: mi vida comenzó con mi nacimiento. Adivino la ceja alzada del lector. Por favor no deje de leer, ya me explico. En general, a nuestra llegada al mundo le sigue una larga siesta donde ningún bebé es distinguible del otro. El instinto manda, el entorno asiste y la vida se desarrolla sola con éxito. Pero claro, yo digo que la mía arranca con mi nacimiento porque ahí debí encarar mi primer problema: el que iba a marcar para siempre el resto de mi naciente biografía. Con ese gran reto, tempranito, se fundaba mi singularidad.

Durante el parto tuve un paro cardiorespiratorio. Todavía dentro de las primeras doce horas sufrí otro más. Es este un período de tiempo sensible, donde un incidente de este tipo puede significar consecuencias muy graves. La falta de oxígeno me provocó una lesión en el cerebro. (…) Pero mis padres nunca se amedrentaron, y a pesar de la conmoción no me perdieron de vista en el medio de ese trabalenguas. Ellos ya me habían puesto el nombre más lindo: María Constanza.

Pero Coni -así me dicen- tenía los cuatro miembros afectados. No había modo de saber las secuelas que iba a sobrellevar. Nadie estaba seguro de si yo iba a poder hablar, caminar, o moverme siquiera. Como siempre que nace un niño con discapacidad, se abría un mundo de incertidumbre con respecto al futuro. Y los plazos se vuelven más cortos. Los planes tienen un espectro más limitado.

Empezó entonces una cargada rutina semanal con distintos tratamientos. El tiempo se fragmentó en turnos, procedimientos y horarios. Imagine, quien tenga la grandísima suerte de no haber experimentado una infancia similar, el esfuerzo diario que atravesábamos con mis padres y el resto de mis seres queridos. (…)

El primer paso de integración

Luego de aquellos años, llegó la primera gran prueba. El jardín de infantes. Un difícil paso de integración. Pude ir a una escuela común, una escuela Waldorf que hacía mucho hincapié en la unión entre cuerpo y alma, respetando la individualidad de cada alumno. Pero el contraste con mis compañeros fue un duro baño de realidad. (…)

Escolaridad segmentada

Después vino la primaria. Toda mi escolaridad estuvo segmentada en tramos cortos. Nunca al comenzar un año teníamos la seguridad de que iba a terminarlo. Al final de cada grado hacíamos un balance para ver cómo seguía la cosa. A medida de que los contenidos eran más complejos, a mí se me hacía cada vez más difícil mantener el ritmo. Escribir bien me resultaba una tortura, al final de cada jornada me encontraba muerta de cansancio. No podía ir todos los días a la escuela. El desfase se acentuaba.

Que quede bien claro: parálisis cerebral no implica tener el cerebro paralizado. Pero si al mismo tiempo que tus compañeros se encuentran aplicados en aprender y afinar las curvas elegantes de una cursiva vos recién estás aprendiendo a caminar… bueno, es claro que el desarrollo nunca puede ser parejo. En mi caso no iba más lento no en lo intelectual pero sí en la motricidad. Finalmente, caminé a los 7 aunque, sin ayuda del andador, recién a los 12. (…)

Terminé mi escolaridad en un colegio para adultos. Nunca repetí. Sólo me ajusté a los imprevistos de la marcha. Siempre encontré gente de buena voluntad para hacerlo.

También fueron los años de las primeras transgresiones. A los 14, un día, le dije al muchacho que me pasaba a buscar por la escuela que a la salida venían mis padres. Lo tenía bien planeado. Furtivamente, me volví en colectivo. El corazón me bailaba en el pecho. Era la primera vez en la vida que me sentí tan libre, tan independiente. Cuando llegué a casa y se lo conté, mi mamá casi se muere. Después, con su permiso, empecé a hacerlo seguido. (…)

Psicopedagogía en la escuela de Poveda

1114-3Siempre me atrajo la posibilidad de trabajar con chicos que atravesaran diagnósticos similares al mío ¿Podría ayudar a otros desde mi propia discapacidad? Mis ganas me soplaban: sí... sí... Faltaba ver el cómo. Hice un año de Educación Especial, pero no me terminó de convencer. Luego me pasé a Psicopedagogía en el instituto Pedro Poveda de Vicente López. Iba a ir materia a materia. Segura y lenta.

Pero finalmente el ánimo me pasaba factura por tantos años de esfuerzo. Había llegado a un lugar imposible, según esa mirada que nunca dejó de señalarme. Me deprimí. Ingresé a un período de mucha oscuridad. No me tuve lástima. Pero faltaba tanto, parecía imposible. Me enfrenté con mi duelo: resignificar mi problema, echar una nueva luz sobre la falta. Mis amigas estaban para ayudarme. Mi familia. Mi analista. Entre todos tiramos del carro. 

Y comenzaron a desfilar las materias. Como me pasó siempre con la gente en todos lados, algunos profesores se llevaban mejor que otros con mi discapacidad. Los primeros compañeros abandonaban. Las materias filtro se cobraban sus primeras víctimas. Hasta que llegamos a Psicología Evolutiva. El Gran Cuco. Yo sabía un montón pero estaba muerta de miedo cuando fuimos a rendir el final. 

Mis amigas me llevaron a los empujones. Me tocaba la O. Iban saliendo de a uno los bochados. Cuando me llamaron casi me desmayo. Ya estaba entregada. Di todo, hablé, hablé y hablé. Al final del examen la profesora me preguntó: “¿Qué vas a hacer cuando te recibas?”. ¡Estábamos a mitad de carrera! Yo ni siquiera sabía si iba a sobrevivir a ese momento. “Me gustaría trabajar con chicos con parálisis cerebral”, me salió. Lo que me dijo después fue tremendo: “Te voy a pedir un favor, que te dediques a eso, que lo hagas, porque podés ayudar mucho”. Ni me acuerdo la nota que me puso.

Fue un quiebre. Por primera vez en mi vida tenía un objetivo tan lejano. Eso tan arraigado en mí, ese soñar de a poquito (“vamos a ver si camina”, “si pasa de grado”, “si puede con esta materia”), se expandió en una esperanza luminosa, que me señalaba una meta remota pero clara. Y me invitó a llevar esa luz a otros ámbitos de mi vida. Alegría es fuerza.

"Era una carrera de cuatro años. Tardé ocho, pero me recibí. Fueron ocho años espectaculares". 

Un proyecto con mi punto de vista

Al finalizar la carrera llegaron las entrevistas de trabajo. A muchas propuestas no podía responder. Otras, no me convencían. Hice una pasantía en el gabinete de una escuela común donde me recibieron muy bien y ahí empecé a tener contacto con mi rol de piscopedagoga.

Pero la cosa no arrancaba del todo. En los tiempos de la Facultad ya había participado en algún taller relatando mi experiencia con la discapacidad. Mi entorno me decía entonces: ¿y por qué en vez de esforzarte por encajar de nuevo no generás vos tu propio espacio? De ahí surgió el primer germen de Desde Adentro, una plataforma desde la cual compartir con toda la comunidad educativa, padres, alumnos, docentes, mi punto de vista, todo lo que había aprendido antes y durante la carrera. Era una recién egresada, sí, pero con una experiencia de campo de casi tres décadas.

A la gente le gustó la propuesta de esta doble agente. Su mensaje era sencillo: tenemos que cerrar el manual rígido de las patologías y centrarnos en la subjetividad del paciente. Mirarlo en serio. Preguntarle cómo se siente. Qué quiere. Toda condición es única y cada uno es capitán de su destino

Al tiempo llegaron los reconocimientos. Las invitaciones a dar un sinfín de charlas. Hoy participo de seminarios, mantengo mi propio consultorio y disfruto de un puesto fijo en la escuela donde hice aquella pasantía. Me otorgaron premios que yo acepté con orgullo y favorecieron la difusión de mi abordaje. Pero yo no quiero ser ejemplo de nada. Si a alguien le sirve mi historia, lo aplaudo, aunque es cosa suya. Lo que me mantuvo navegando estas aguas agitadas fue aprender a no hacerme cargo de la mirada de los otros.

 Las comparaciones nos limitan. Cada uno debe encontrarse y dar lo que vino a dar a este mundo. Sea mucho o poquito, no importa. Esas son categorías que se imponen desde afuera. (…) 

TEDx Talks Río de la Plata: Discapacidad, poder distinto

Leer más:

En Clarín, Mundos íntimos: cada uno es capitán de su destino

En Infobae, Hice el duelo por el cuerpo que nunca voy a tener... (texto y vídeo)

Desde adentro: una mirada diferente sobre la discapacidad

Constanza en Facebook

Info.IT
Fuentes: Clarín, Buenos Aires. Blog Desde adentro. TEDs Talks Río de la Plata
Fotos: 
Clarin.com

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