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“La puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece siempre abierta, de par en par”

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ROMA, Italia.
El pasado domingo 20 de noviembre el papa Francisco cerró la puerta santa de la basílica de San Pedro; con ese gesto daba por clausurado el año jubilar de la Misericordia. El día anterior había tenido lugar un consistorio para la creación de 17 nuevos cardenales, entre ellos, D. Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid. Maite Uribe, directora de la Institución Teresiana, Lola Martín, vicedirectora, y otras personas de la Institución participaron en ambos acontecimientos.

Acompañar a los pastores

La directora de la Institución Teresiana, Maite Uribe; el presidente de la asociación ACIT de Italia, Carmelo Cocco; Lola Martín y un grupo de miembros de la Institución Teresiana acompañaron a D. Carlos Osoro, y a los demás futuros cardenales en el consistorio presidido el papa Francisco. Saludaron especialmente a Baltazar Enrique Porras Cardozo, arzobispo de Mérida (Venezuela) y a Jozef De Kesel, arzobispo de Malines-Bruxelles (Bélgica), procedentes de diócesis en las que la I.T. tiene presencia; también a Kevin Joseph Farrell, Prefecto del Dicasterio para Laicos, la Familia y la Vida (Estados Unidos), en el que la Institución Teresiana está inscrita.

El acto tuvo lugar el 19 de noviembre en la basílica de San Pedro; fue seguido por un numeroso grupo de personas desde la plaza.

Las palabras del Papa fueron de gran calado. “Vemos cómo rápidamente el que está a nuestro lado ya no sólo posee el estado de desconocido o inmigrante o refugiado, sino que se convierte en una amenaza; posee el estado de enemigo. Enemigo por venir de una tierra lejana o por tener otras costumbres. Enemigo por su color de piel, por su idioma o su condición social, enemigo por pensar diferente e inclusive por tener otra fe. Enemigo por… Y sin darnos cuenta esta lógica se instala en nuestra forma de vivir, de actuar y proceder. (…)  Luchen contra el virus de la enemistad en el mundo”, les dijo a los neo cardenales.

Después de la celebración se realizó el tradicional saludo a los nuevos purpurados. En el Colegio Español tuvo lugar un ágape en el que participaron los invitados de D. Carlos Osoro. Maite Uribe le expresó la felicitación y el cariño de la Institución Teresiana, de la que él se siente ligado desde la juventud. También estaba D. Baltazar Porras con sus invitados.

En la noche, en la embajada de España ante la Santa Sede, se ofreció una cena homenaje con la participación de autoridades civiles y eclesiásticas, a la que asistieron Maite Uribe y Lola Martín, invitadas por D. Carlos.

1124-7Lola Martín, Maite Uribe, D. Carlos Osoro, Mª Carmen García Quintana y Marisabel Tellería.Lola Martín, Maite Uribe, D. Carlos Osoro, Mª Carmen García Quintana y Marisabel Tellería.

El arzobispo de Madrid, tuvo palabras de gratitud y de apertura al diálogo con todas las personas. También contó que cuando el Pontífice le hizo entrega del birrete, el anillo y el pergamino que le acreditan como nuevo cardenal, le dio un abrazo y le pidió “que siga adelante y que dé la vida por la Iglesia”. Además compartió que “ha sido muy emocionante ver a Benedicto XVI y al Papa Francisco juntos y ver cómo a pesar de que el primero se ha retirado sigue ofreciendo su vida por la Iglesia y cómo Francisco se lo agradece”, refiriéndose a la breve visita que hicieron al monasterio Mater Ecclesiae, donde reside el papa emérito.

Una invitación a mantener abiertas las puertas del corazón

El domingo 20 en San Pedro, también la Institución Teresiana en sus representantes, estuvo presente en la clausura del año de la Misericordia, una celebración de especial significado en la que se recogía la experiencia de la misericordia de Dios en cada persona y las múltiples vivencias y prácticas de misericordia en todo el mundo. “Puedo decir que en mi vida éste ha sido el Año Santo más exitoso que he experimentado. Ha tocado las vidas de todo el mundo, miles de personas han vuelto a los sacramentos y han aprendido a practicar la misericordia, perdonarse mutuamente, realmente ha sido un exitazo espiritual”, manifestó el Cardenal Sean O’Malley, arzobispo de Boston y miembro del llamado Consejo de Cardenales que estudia la reforma de la Curia, entre otros temas.

De la carta apostólica Misericordia et misera (Misericordia y paz) del papa Francisco, Maite Uribe y el Consejo de Gobierno comparten algunos subrayados para la vida y misión de los miembros, colaboradores y amigos de la Institución Teresiana, e invitan a reflexionar sobre ella y darla a conocer:

"... El amor es el primer acto con el que Dios se da a conocer y viene a nuestro encuentro. Por tanto, abramos el corazón a la confianza de ser amados por Dios. Su amor nos precede siempre, nos acompaña y permanece junto a nosotros a pesar de nuestros pecados". (n. 5)

“Termina el Jubileo y se cierra la Puerta Santa. Pero la puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece siempre abierta, de par en par. Hemos aprendido que Dios se inclina hacia nosotros (cf. Os 11,4) para que también nosotros podamos imitarlo inclinándonos hacia los hermanos. La nostalgia que muchos sienten de volver a la casa del Padre, que está esperando su regreso, está provocada también por el testimonio sincero y generoso que algunos dan de la ternura divina. La Puerta Santa que hemos atravesado en este Año jubilar nos ha situado en la vía de la caridad, que estamos llamados a recorrer cada día con fidelidad y alegría. El camino de la misericordia es el que nos hace encontrar a tantos hermanos y hermanas que tienden la mano esperando que alguien la aferre y poder así caminar juntos”. (n.16)

“Durante el Año Santo, especialmente en los «viernes de la misericordia», he podido darme cuenta de cuánto bien hay en el mundo. Con frecuencia no es conocido porque se realiza cotidianamente de manera discreta y silenciosa. Aunque no llega a ser noticia, existen sin embargo tantos signos concretos de bondad y ternura dirigidos a los más pequeños e indefensos, a los que están más solos y abandonados. Existen personas que encarnan realmente la caridad y que llevan continuamente la solidaridad a los más pobres e infelices. Agradezcamos al Señor el don valioso de estas personas que, ante la debilidad de la humanidad herida, son como una invitación para descubrir la alegría de hacerse prójimo. Con gratitud pienso en los numerosos voluntarios que con su entrega de cada día dedican su tiempo a mostrar la presencia y cercanía de Dios. Su servicio es una genuina obra de misericordia y hace que muchas personas se acerquen a la Iglesia”. (n.17)

“Es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia. La Iglesia necesita anunciar hoy esos «muchos otros signos» que Jesús realizó y que «no están escritos» (Jn 20,30), de modo que sean expresión elocuente de la fecundidad del amor de Cristo y de la comunidad que vive de él. Han pasado más de dos mil años y, sin embargo, las obras de misericordia siguen haciendo visible la bondad de Dios.
Todavía hay poblaciones enteras que sufren hoy el hambre y la sed, y despiertan una gran preocupación las imágenes de niños que no tienen nada para comer. Grandes masas de personas siguen emigrando de un país a otro en busca de alimento, trabajo, casa y paz. La enfermedad, en sus múltiples formas, es una causa permanente de sufrimiento que reclama socorro, ayuda y consuelo. Las cárceles son lugares en los que, con frecuencia, las condiciones de vida inhumana causan sufrimientos, en ocasiones graves, que se añaden a las penas restrictivas. El analfabetismo está todavía muy extendido, impidiendo que niños y niñas se formen, exponiéndolos a nuevas formas de esclavitud. La cultura del individualismo exasperado, sobre todo en Occidente, hace que se pierda el sentido de la solidaridad y la responsabilidad hacia los demás. Dios mismo sigue siendo hoy un desconocido para muchos; esto representa la más grande de las pobrezas y el mayor obstáculo para el reconocimiento de la dignidad inviolable de la vida humana”. (n.18)

"En este Año Santo se han realizado muchos signos concretos de misericordia. Comunidades, familias y personas creyentes han vuelto a descubrir la alegría de compartir y la belleza de la solidaridad. Y aun así, no basta. El mundo sigue generando nuevas formas de pobreza espiritual y material que atentan contra la dignidad de las personas. Por este motivo, la Iglesia debe estar siempre atenta y dispuesta a descubrir nuevas obras de misericordia y realizarlas con generosidad y entusiasmo.
… Esforcémonos entonces en concretar la caridad y, al mismo tiempo, en iluminar con inteligencia la práctica de las obras de misericordia. Esta posee un dinamismo inclusivo mediante el cual se extiende en todas las direcciones, sin límites. En este sentido, estamos llamados a darle un rostro nuevo a las obras de misericordia que conocemos de siempre. En efecto, la misericordia se excede; siempre va más allá, es fecunda. Es como la levadura que hace fermentar la masa (cf. Mt 13,33) y como un granito de mostaza que se convierte en un árbol (cf. Lc 13,19).
No tener trabajo y no recibir un salario justo; no tener una casa o una tierra donde habitar; ser discriminados por la fe, la raza, la condición social…: estas, y muchas otras, son situaciones que atentan contra la dignidad de la persona, frente a las cuales la acción misericordiosa de los cristianos responde ante todo con la vigilancia y la solidaridad. Cuántas son las situaciones en las que podemos restituir la dignidad a las personas para que tengan una vida más humana. Pensemos solamente en los niños y niñas que sufren violencias de todo tipo, violencias que les roban la alegría de la vida. Sus rostros tristes y desorientados están impresos en mi mente; piden que les ayudemos a liberarse de las esclavitudes del mundo contemporáneo. Estos niños son los jóvenes del mañana; ¿cómo los estamos preparando para vivir con dignidad y responsabilidad? ¿Con qué esperanza pueden afrontar su presente y su futuro?
El carácter social de la misericordia obliga a no quedarse inmóviles y a desterrar la indiferencia y la hipocresía, de modo que los planes y proyectos no queden sólo en letra muerta. Que el Espíritu Santo nos ayude a estar siempre dispuestos a contribuir de manera concreta y desinteresada, para que la justicia y una vida digna no sean sólo palabras bonitas, sino que constituyan el compromiso concreto de todo el que quiere testimoniar la presencia del reino de Dios”. (n. 19)

“Estamos llamados a hacer que crezca una cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás: una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos. Las obras de misericordia son «artesanales»: ninguna de ellas es igual a otra; nuestras manos las pueden modelar de mil modos, y aunque sea único el Dios que las inspira y única la «materia» de la que están hechas, es decir la misericordia misma, cada una adquiere una forma diversa.
La cultura de la misericordia se va plasmando con la oración asidua, con la dócil apertura a la acción del Espíritu Santo, la familiaridad con la vida de los santos y la cercanía concreta a los pobres. Es una invitación apremiante a tener claro dónde tenemos que comprometernos necesariamente. La tentación de quedarse en la «teoría sobre la misericordia» se supera en la medida que esta se convierte en vida cotidiana de participación y colaboración. Por otra parte, no deberíamos olvidar las palabras con las que el apóstol Pablo, narrando su encuentro con Pedro, Santiago y Juan, después de su conversión, se refiere a un aspecto esencial de su misión y de toda la vida cristiana: «Nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, lo cual he procurado cumplir» (Ga 2,10). No podemos olvidarnos de los pobres: es una invitación hoy más que nunca actual, que se impone en razón de su evidencia evangélica". (n. 20)

Info.IT

Palabras del papa Francisco en el consistorio (aquí)

Carta apostólica Misericordia et mísera (descargar)

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