Viernes, 03 Mayo 2013

A diez años de la canonización de Pedro Poveda

MADRID, España.
El 4 de mayo de 2003 en la plaza de Colón de Madrid, convertida en templo abierto y universal, el Papa Juan Pablo II proclamaba santo a Pedro Poveda, sacerdote, fundador y mártir. A diez años de aquel especial acontecimiento proponemos hacer "memoria colectiva", compartir lo que ha supuesto y cómo se vivió aquel acontecimiento.

0502-2Era el último viaje que el S. S. Juan Pablo II haría a España. En aquella soleada mañana el Santo Padre proclamaba santos a cinco beatos españoles: Pedro Poveda (Linares 1874-Madrid 1936), sor Ángela de la Cruz (Sevilla 1846-1932) y José María Rubio (Dalías, Almería 1864-Madrid 1929); la madrileña María Maravillas (Madrid 1891-1974) y Genoveva Torres (Almenara, Castellón 1870-Zaragoza 1956).  La plaza de Colón estaba presidida por sus cinco retratos con la leyenda "seréis mis testigos”.

El Papa dijo de todos ellos: "tienen rostros muy concretos y su historia es bien conocida. ¿Cuál es su mensaje? Sus obras, que admiramos y por las que damos gracias a Dios, no se deben a sus fuerzas o a la sabiduría humana, sino a la acción misteriosa del Espíritu Santo". "¡Dejaos interpelar por estos maravillosos ejemplos!".

Es un recuerdo imborrable para quienes estuvieron en la plaza de Colón, o en las calles cercanas; masiva había sido la participación de fieles. También para quienes vivieron el acontecimiento a través de los medios de comunicación, reunidos en los colegios y obras inspiradas en Pedro Poveda y repartidas por 30 países.

Pero es más que un recuerdo. Una experiencia de gracia espiritual y de estímulo eclesial para la Institución Teresiana, para sus miembros, familiares, alumnado, colaboradores, antiguos y antiguas alumnas, amigos... La vida, la audacia y mansedumbre, la espiritualidad, el carisma inspirado a ese sacerdote y pedagogo tan familiar, se hacía universal. En estos díez años la figura de san Pedro Poveda se agigantó; una “acción misteriosa del Espíritu Santo en su vida”, como señaló S.S. Juan Pablo II, lo hizo posible.

Quisiéramos que este recuerdo, memoria activa de santidad, sea construido por muchos. Publicamos algunos testimonios. E invitamos a participar, escribiendo el vuestro, en el espacio para comentarios de esta página: "¿Cómo vivisteis aquel acontecimiento? (para ello es necesario ACCEDER con el nombre de usuario y contraseña).

En Facebook ya se está participando... También Twitter...

Poveda luz, fuerza y sabiduría para orientar la vida

Celebrar el décimo aniversario de la canonización de Pedro Poveda nos ofrece una nueva oportunidad para traer a la memoria y agradecer los frutos santos que, como le gustaba decir a Poveda, permiten reconocer a los hombres y mujeres de Dios, que pasan por la vida haciendo el bien. Y es oportunidad también para escuchar de nuevo hoy la llamada a la santidad y para responder con la vida. Ojalá pueda decirse de nosotros, miembros de la Institución Teresiana, que estos diez años han constituido un itinerario vital de la santidad que hoy necesita el mundo. “Para que libres de temor (…) le sirvamos en santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días”  (Lc. 1,75).

0502-10Poveda ofreció en su tiempo, con gran sencillez, pero con mucha verdad, audacia y capacidad de compromiso histórico, una forma de santidad laical caracterizada por la radicalidad sin fisuras en el seguimiento de Jesucristo y por la aceptación, búsqueda y compromiso con todo lo bello, bueno, justo y verdadero de las culturas y sus logros verdaderamente humanos. Una plenitud humana henchida de Dios, el único Santo (Mc 10, 17-30).

San Pedro Poveda, sacerdote, fundador y mártir, es hoy un santo universal, patrimonio de toda la Iglesia. Su figura y su carisma son para todos, van más allá de la propia Institución que él fundó. Esto es un motivo de gran alegría para todos nosotros, porque refuerza nuestra conciencia eclesial y nos empuja al gozoso compromiso de servir y desplegar este carisma que se ha mostrado capaz de configurar vidas a la vez verdaderamente humanas y verdaderamente santas.

En estos años hemos visto con gran emoción como Pedro Poveda se hace para muchos jóvenes maestro y sobre todo testigo de la alegría de creer, seguir a Jesucristo, dejarse guiar por el Espíritu y vivir la historia buscando y poniéndose al servicio de  la realización del Reino de Dios en ella.

Hemos visto también como hombres y mujeres de toda edad, condición y procedencia, encuentran en Poveda luz, fuerza y sabiduría para orientar la vida en coherencia con la fe en un mundo que es cada día más complejo. La figura de Poveda, a medida que la conocemos más –y durante estos años hemos podido acceder mejor a su obra escrita y ya en parte traducida a algunas lenguas- nos asombra y atrae más. Su propuesta de cristianismo es exigente y accesible a la vez, arriesgada y discreta, propositiva y dialogante, activa pero no protagonista, fiel y dinámica, tolerante y clara en sus convicciones.

Un hombre de paz que sufrió una muerte violenta, como otros seguidores del Maestro, testigos de Jesús hasta el último aliento. Confesó su fe con la vida misma. Son páginas fuertes en la historia humana, expresión firme y pacífica de que hay “algo” que vale más que la vida (tu amor vale más que la vida, Sal 63) y que hay un amor que vence a la muerte. La historia del cristianismo cuenta con estos testigos luminosos cuyo testimonio vale más que miles de palabras.

La Institución Teresiana acaba de celebrar su primer centenario (1911-2011), cuyo lema recordamos todos: De la memoria al compromiso, memoria agradecida, compromiso renovado.  Las últimas Asambleas nos han señalado los dos caminos por los que hoy, en un mundo hermoso y a la vez herido de graves injusticias, queremos, libres de temor, servir al Señor en santidad y justicia: un mayor impacto evangelizador de todas nuestras presencias y una clara apuesta por la hermandad. Sabemos que esto solo es posible cuando es el amor de Dios el que nos urge. Ojalá que la celebración de este décimo aniversario suponga un nuevo impulso en esta dirección.

Maite Uribe, directora de la Institución Teresiana, Roma, Italia

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¡Felicidades!

¡Felicidades! no por diez años de santo, porque lo fuiste, y mucho, en vida. Como decía Josefa Segovia: “yo lo he visto hacerse santo”, y cuántas veces ella y, muchas más, hablaron de lo que les había supuesto vivir al lado de un santo... ¡Felicidades! porque la Iglesia ha reconocido tu santidad y te ha propuesto, como modelo e intercesor, a todos los fieles, no sólo a nosotros, miembros de la Institución Teresiana; porque en esto se diferencia la canonización de la beatificación. Y ¡felicidades! a nosotros, porque tenemos un padre, un fundador, un entrañable guía y amigo, santo. Me estremezco —de gozo y de impresión— al pensarlo y al escribirlo.

También me estremecí, y mucho, bien lo sabes, cuando un día me llamó el obispo secretario de la Conferencia Episcopal Española, entonces el actual arzobispo de Sevilla, y me dijo con todos los secretos del mundo, sin poder comunicarlo ni siquiera, por expreso mandato, a la directora general, que se estaba planeando un viaje al papa a España y que se podrían canonizar algunos beatos cuya causa estuviera concluida o concluyéndose, entre ellos el Padre Poveda. Creo que fue el SÍ más convencido y tembloroso —por la responsabilidad y la reserva— que he dado en mi vida.

0502-14Pasaban los meses y no acababa de confirmarse el viaje de Juan Pablo II, por lo delicado de su salud. Y mientras, como directora de la Oficina para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal, el obispo me decía: “de preparar el acto de la canonización te encargas tú”. ¡Con qué cariño y esmero lo fui pensando todo, primero sola y, confirmado el viaje y levantado el secreto, con los otros cuatro postuladores! Nos entendimos muy bien y disfrutamos mucho concretando detalle por detalle.

En la ceremonia, me colocaron detrás del papa, junto a su médico y al portavoz. Desde ahí se percibía de modo muy singular la gran densidad espiritual del acto. Pero impresionó mucho ver, a un lado y a otro, a todos los obispos de España. Cuando en 1912 el joven canónico de Covadonga les envió el Ensayo de Proyectos Pedagógicos para la fundación de una Institución Católica de Enseñanza, no le entendieron. Porque si bien cada uno en su diócesis estaba atento a la formación del profesorado, tema ya muy de actualidad, lo de coordinarse para ello eclesialmente vendría después. Ese día, el de su canonización, estaban todos allí, celebrando la santidad del humilde Padre Poveda.

No es habitual canonizar fuera de Roma. En este caso, la beatificación, de la que el próximo 10 de octubre se cumplirán 20 años, si que fue allí. Pero canonizar a un mártir reciente en la Plaza de Colón, en pleno centro de Madrid, y a poca distancia de donde confesó su sacerdocio al ser detenido y de donde fue sacrificado, tuvo una hondura y un significado muy especial. Singularísima providencia de Dios. Y, además, fue una canonización celebrada, sin distinciones, por toda la Iglesia que peregrina en España, no sólo por las familias espirituales de cada santo.

Otra impresión muy profunda, al tener después la Bula pontificia de canonización en mis manos, fue leer un párrafo que no estaba en la minuta y que no es habitual colocar entre la fórmula de la canonización y el final del documento. Dice así: “Concluida la oración acostumbrada, hemos venerado a este varón excepcional y, admirando su heroica laboriosidad y sus maravillosos ejemplos de fe, hemos invocado su patrocinio en ayuda de toda la Iglesia”. Sí; de toda la Iglesia.

Por eso, ¡¡¡FELICIDADES!!!, Iglesia, porque tienes a este Santo, que vivió y murió por ti y ahora, por expreso deseo del papa, te patrocina y ayuda. Y ¡¡¡Felicidades!!!, Institución Teresiana, porque eres Iglesia y porque estás llamada a dar frutos de santidad.

María Encarnación González Rodríguez, Postuladora General de la Institución Teresiana, Roma, Italia.

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Conversar sobre una canonización

Conversar sobre una canonización es conversar de una vida, en el contexto de muchas vidas, de una historia que hace trama con otras muchas historias contemporáneas, de una semilla que echó las raíces en un tiempo ya pasado y se sigue arraigando, porque tiene frutos en cada presente, hacia el futuro

Este es el contexto y las distintas dimensiones a las que tengo que hacer referencia ante la pregunta por el significado. Son dimensiones, perspectivas, que tengo muy vivas, transcurridos estos diez años, fruto de la reflexión y el compromiso con la Institución Teresiana, con muchas personas de creencias diversas, preocupadas por el bien de la humanidad. Con la riqueza de la diversidad de treinta países y muchas culturas.

En los santos, deliberadamente lo escribo con minúsculas, se unen en alta intensidad la acción permanentemente benefactora de Dios y las esperanzas y sufrimientos de la humanidad, concretos en cada tiempo. En este mundo, hay muchos y muchas hombres de Dios y mujeres de Dios – en expresión literal de Poveda – de los que él dice también que son inconfundibles por los frutos santos, y porque son instrumentos del reconocimiento del Jesús que camina a nuestro lado, al modo como lo vivieron los discípulos de Emaús. La canonización de algunos de estos santos, para tomar un nombre propio que con la autoridad de la Iglesia es reconocido por todos, en este caso San Pedro Poveda, pone de manifiesto cómo es de fecunda la vida y cómo se llena de sentido cuando se une la pasión por Dios y la pasión por la humanidad.

0502-19En mi experiencia he podido verificar, no sólo en la preparación y celebración de la canonización sino en estos años posteriores, cómo el modo propio en cada Santo de integrar en su propia vida y en su acción la pasión por Dios y la pasión por la humanidad, confirma, fortalece a muchas personas que luchan, inventan, arriesgan, porque sienten la fuerte tensión del bien de la humanidad. Esto acontece en muchas personas, no solamente en quienes ya le conocían, aquellos para quienes era ya profeta.

He podido verificar también cómo en la rica vida de cada uno de los Santos, hay inspiraciones que se descubren o redescubren porque toman significados nuevos no sólo en el transcurso de la historia sino también en el contacto con las distintas culturas, con los momentos tan distintos que viven simultáneamente fracciones de la humanidad.

Este fragmento de las palabras de Juan Pablo II en la Bula de la Canonización, presentan un perfil de discípulo de Cristo que le sigue haciendo hoy significativo: “Sacerdote prudente y audaz, abierto al diálogo, adornado de sólidas virtudes y de heroica caridad, alimentó la fe de muchos […], maestro de educación y de oración, pedagogo de la vida cristiana y de las relaciones entre la fe y la ciencia, trabajó estudiosamente a favor de la justicia social y de la solidaridad humana”.

Podemos señalar hoy, la especial significatividad de su trabajo en favor de la justicia social y la solidaridad humana, como maestro de educación y de oración.

Loreto Ballester, exdirectora de la Institución Teresiana, Valencia, España.

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Pedro Poveda, Santo de hoy en día

Se cumplen ahora diez años de la Canonización de San Pedro Poveda por el Papa Juan Pablo II. El 4 de mayo de 2003, miles de ciudadanos de todo el mundo asistían en Madrid a este acontecimiento de gran significación eclesial y social.

Cuando la Iglesia nombra a una persona “santa” la  coloca más cerca de los hombres y mujeres de hoy. Cuando la iglesia pronuncia en alto el nombre de alguien reconociendo  su santidad, suena una campana de esperanza en distintas partes del mundo proclamando que ellos, los santos, son cercanos y sus vidas pueden ser imitadas. Así la de Pedro Poveda, un hombre de contrastes: austero y tolerante, enérgico y vulnerable, osado y pacífico, humilde y luchador, todo humanidad y todo de Dios. Su postura  dialogante y pacificadora  muestra una forma de caminar junto a otros en el mundo de hoy, tan controvertido. Llevar el evangelio a la vida fue su gran sueño: en las plazas, en el asfalto, entre la gente, donde a él siempre le gustó estar. La proclamación de Pedro Poveda como santo acerca a nuestros contemporáneos su forma peculiar de sembrar esperanza, el horizonte utópico, en fin,  de ser sal para el siglo XXI.

Marisa Rodríguez Abancéns, directora del secretariado Pedro Poveda, Madrid, España.

0502-13 

Esa gracia me sostuvo en la fe

"Mucha paz, mucho ánimo y mucha oración llena de confianza, que llegará la hora de Dios". (Padre Poveda a Victoria Grau, 6 de octubre 1925 citado en CPH 662)

Asistir a la hora en que la Iglesia reconoció públicamente el martirio y la santidad de vida del padre Poveda fue y sigue siendo, a diez años de aquel acontecimiento, una gracia y un compromiso.

La experiencia más fuerte vivida durante esos días fue participar con emoción vibrante a la veneración de tantos fieles en la capilla de Santa María de Los Negrales. Cientos de laicos, sacerdotes y religiosas de España y del mundo, en largas filas esperando para acercarse al altar donde descansan los restos de Poveda. Para dar gracias, pedir o tomar gracias... fue un acontecimiento imborrable. Cantos, rezos, silencios se entretejían permanentemente en aquel lugar en el que nos habíamos acostumbrado a venerar su presencia cercana de manera privada y silenciosa. Ser testigo y  partícipe de aquel paso, para la Institución Teresiana, para la Iglesia, para mí misma fue una gracia extraordinaria.

Ser testigo y partícipe de aquel acontecimiento no me dejó indiferente. Esa gracia me sostuvo durante años en la fe, renovó la entrega y me impulsó a responder a su legado "ustedes serán la obra” (Poveda, 1915): Sí, padre, "Continuaremos la obra" (Segovia, 1936).

Mariana Facciola, Buenos Aires, Argentina

 0502-15

Aquella madrugada en el Instituto Pedro Poveda

En Buenos Aires, era otoño, frío y temprano, equipados con mantas, mates y llenos de hijos como racimos en las manos nos reunimos a partir de las 5 de la mañana en el Instituto Pedro Poveda, con un ardor fuerte en el corazón!!!

En Madrid todo era una fiesta y el llamado telefónico transmitido "en vivo" nos hizo estar más cerca... Mientras en el salón de actos algunos comentábamos los dones de "Pedro" como dicen los chicos, y el valor testimonial de morir como sacerdote en pleno siglo XX, morir por la forma en que pensó, pero sobre todo morir por la manera en que vivió.

¿Qué vieron aquellos niños y niñas hace diez años en esa madrugada? algunos dijeron una misa larga en otro país, otros señalaban la foto de Poveda que era una persona reconocida y cercana y lo aplaudían. Sin duda todos entendieron en el corazón, que era una fiesta de la familia povedana, y que son de esas oportunidades únicas en la vida que merecen un buen madrugón!! La figura de Pedro crecía a partir de su canonización, tanto como su legado para todos nosotros... Mi hijo menor, de 9 meses y bautizado en la capilla del colegio, hoy transita las aulas de primaria con un Pedro Santo, cercano, testimonial, comprometido. Un hombre del siglo XX, que en el siglo XXI todavía tiene algo para decirnos en este momento de renovación de la Iglesia Universal. ¿Y por qué? porque Pedro Poveda, no pasó en vano, por eso "Pedro" no pasó de moda. (Javier Quesada, es papá de Maria Paz, Tomás y Nachito).

Javier Quesada, Buenos Aires, Argentina.

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Exposición conmemorativa “Pedro Poveda, su persona y su Obra”

La Canonización de San Pedro Poveda provocó un río de iniciativas, de creatividad, de vida plasmada en las formas y categorías más diversas. Las capacidades se multiplicaron y se entrelazaron de modo que todo aquello que se realizaba en torno a aquel acontecimiento único, resultaba convergente y por tanto de una gran riqueza. Así sucedió ante la iniciativa de organizar una exposición conmemorativa para dar a conocer a “Pedro Poveda, su persona y su Obra” a quienes se acercaran al Colegio Mayor que lleva su nombre, en la Ciudad Universitaria de Madrid. No se podía haber escogido un marco mejor ni más idóneo.

Los diez años transcurridos desde mayo de 2003 han visto evolucionar la tecnología, la información y las comunicaciones de un modo casi indescriptible. Pero en 2003 ya apuntaban con fuerza y provocaban la determinación y el riesgo de entrar en ese vértigo.

El 28 de abril se abría al público una exposición nueva, diferente, un tanto rompedora de moldes, en la que se habían volcado las mejores ideas, cualidades y capacidades de un numeroso grupo de la Institución Teresiana, con el apoyo y asesoramiento de técnicos cualificados. Estuvo abierta hasta el mismo día 4 de mayo, Fiesta Grande de la Canonización, y fue una apuesta por Poveda. Fue un brindis al reconocimiento de su santidad, a la alegría de formar parte de su proyecto.

En aquella exposición conmemorativa se crearon espacios de información, de acogida, de reflexión, de conocimiento de su biografía y comprensión de su Obra. No se hicieron estadísticas, ni recuentos de visitas, ni siquiera quedó un vídeo para recrear con posterioridad aquella experiencia preciosa. Pero cuentan que se entraba y era difícil salir.

Mª Asunción Ortiz de Andrés, directora del Archivo Histórico de la I.T., Madrid, España.

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Para volver a leer:

Homilia de S.S. Juan Pablo II en la Misa de la Canonización 4 de mayo 2003.

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