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En Jaén se celebró el centenario de la aprobación diocesana y civil de la Institución Teresiana

J Segovia1911

JAÉN, España. 

En Jaén, en 1917, la Obra iniciada por el sacerdote y pedagogo San Pedro Poveda en 1911 desde Covadonga, era reconocida jurídicamente tanto por la Iglesia diocesana como por la sociedad civil. En este marco el pasado 25 de marzo, se recordó a Josefa Segovia, directora de la Academia Teresiana de esta ciudad en 1913, y que junto al primer grupo de jóvenes, que se atrevió a vivir un camino nuevo en la Iglesia. Encarnita Molina ofrece una síntesis del acto.

Estamos de Centenario. La cronología que va de 1911 al 1917 secuencia los orígenes de la Obra Teresiana, el inicio de la “idea buena” de San Pedro Poveda, plasmada en las primeras siete Academias. El paso de la Obra de las Academias a la Institución Teresiana se produjo por la aprobación diocesana y civil, dada en Jaén, en agosto de 1917.

Por este motivo la Institución Teresiana en esta ciudad y en toda su expresión: miembros de las diversas asociaciones, jóvenes, familias y amigos vivimos este curso espacios de celebración. De “memoria agradecida”, como se dijera a propósito del primer centenario en el año 1911. De acercamiento a los textos fundantes del padre Poveda sobre la misión, la espiritualidad, el talante, la fisonomía de la Obra y su organización.

Josefa Segovia referente de la Obra Teresiana

El sábado 25 de marzo pasado, Marisa Rodríguez impartió una disertación sobre Josefa Segovia, bajo el título “Voy a decir que sí”, en referencia al libro de reciente aparición.  

“Josefa Segovia nos sigue convocando, sigue dándonos el testimonio de su “sí”, radical y sostenido, como referente, no solo como evocación. Por eso tenemos el reto de actualizarlo”, expresó Marisa Rodríguez al iniciar su presentación. El “sí” de Josefa Segovia, es más que una palabra, es una actitud que mantuvo a lo largo de su vida, agregó.

Internado Jaen-1914Fachada del internado de Jaén. 1914Fachada del internado de Jaén. 1914

“En esta tierra (Jaén) nos es fácil imaginar a Pedro Poveda y a Josefa Segovia, en el otoño de 1913 compartiendo tarea y misión en el “museo” del Internado de Jaén. Reconocer a Josefa Segovia al frente de la Academia; verla supervisar el Boletín de las Academias de Santa Teresa; acoger a las alumnas; animar y orientar el estudio. La imaginamos recorriendo los caminos polvorientos entre los campos de olivos, para desempeñar su tarea de Inspectora en la provincia de Jaén. Tarea en la que superó los límites que el cargo le imponía. Porque aquella joven inspectora, “miraba con otros ojos”, y desde esa mirada acompañaba, más que supervisaba, animaba, valoraba, resaltando los valores de la maestra, junto a los deberes de su magisterio incipiente, necesitado de orientación, que también le ofrecía, como correspondía a su responsabilidad”, continuó Marisa Rodríguez.

El relato sobre aquellos años nos atrapó. Se veía como Josefa Segovia crecía en un sostenido, en la medida que se nos acercaba a diferentes dimensiones de la personalidad de aquella joven que maduraba junto a la Obra en la que se había comprometido.

En la charla los temas se sucedieron sin hacer una cronología biográfica al uso. La  mujer, su empeño en hacer vida y actualidad uno de los rasgos heredados del Fundador: el diálogo fe-ciencia. El estar al día en los temas candentes de la cultura, abriendo caminos a la investigación y a las publicaciones, sin dejar de actuar en sectores de la sociedad menos favorecidos. Su visión y compromiso para ensanchar fronteras.

“Voy a decir que sí”, es determinación y actitud. Tan versátil como los acontecimientos han ido marcando la biografía de Josefa Segovia. Tan firme desde su juventud y tan madura en el ocaso, como cuando el sol ha acrisolado el metal. Cerró el calendario de su vida en una hoja, casi insignificante, marcada con una fecha, 25 de marzo 1957 y un sello: Fiat.

Encarnita Molina

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