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Pedro Poveda, un hombre que mantuvo la esperanza

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LOS NEGRALES, Madrid, España.
La fiesta de san Pedro Poveda, celebrada el pasado 28 de julio en Santa María de Los Negrales, fue, como cada año, un feliz encuentro para agradecer la vida de “un hombre que mantuvo la esperanza”, en palabras del Cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid.

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“Día entrañable para todos nosotros de la fiesta de San Pedro Poveda”; fue el saludo inicial de D. Carlos Osoro, quien presidió la celebración eucarística en el auditorio de Las Culturas del Centro Santa María de Los Negrales, ante la presencia de miembros de la Institución Teresiana, colaboradores y amigos. Concelebraron Mons. Jorge Casaretto, obispo emérito de San Isidro (Argentina), José Luis Segovia, vicario de pastoral social de la archidiócesis de Madrid, el Padre Ángel, presidente de Mensajeros de la Paz, junto a otros diez sacerdotes.

Pilar Gascón, directora del Centro Santa María de Los Negrales, recordó que este año se conmemoraba el centenario de la aprobación diocesana y civil de la Institución Teresiana en la diócesis y en la ciudad de Jaén (España). Evocó las palabras de Pedro Poveda pronunciadas con tal motivo, “la Obra ya es de la Iglesia”, y se refirió a la identidad y sentido eclesial de la Institución desde su origen. En varios idiomas se repitió la frase de Pedro Poveda.

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El Cardenal Carlos Osoro desarrolló en su homilía, cercana y profunda, tres puntos: 

  1. Pedro Poveda es alcanzado por Jesucristo en Guadix.
  2. Pedro Poveda vive una experiencia singular en Covadonga. 
  3. Pedro Poveda vive una llamada a la misión, a salir a buscar a los hombres y mujeres de su tiempo, a través de la mediación de la Institución Teresiana, en Jaén y en Madrid, dando la vida por Jesucristo.

0729-6Ofrecemos un resumen de las palabras de D. Carlos Osoro (están completas en el vídeo).

Pedro Poveda es alcanzado por Jesucristo en Guadix

Cuando situamos nuestra vida delante de san Pedro Poveda -hoy un día entrañable, en su fiesta- descubrimos a un hombre que mantuvo siempre la esperanza, en todas las circunstancias de su vida. En los mismos inicios de su ministerio en Guadix, cuando envidias muy claras le hacían difícil la vida, mantuvo la esperanza. Exactamente igual en momentos de máxima dificultad, en un lugar que hoy nos parece cercano, pero en tiempos de Pedro Poveda no era fácil llegar y permanecer en Covandonga… y siempre la esperanza. Y así sucesivamente a lo largo de su vida, hasta darla, porque tenía esperanza. Porque esperaba siempre en Jesucristo nuestro Señor. Por eso en esta fiesta tendríamos que recitar con el salmista… Señor pongo en ti toda mi confianza… 

Pedro Poveda alcanzado por Jesucristo en Guadix. Lo habéis escuchado en el profeta Jeremías: Te escogí, te nombré, te envié y pongo mis palabras en tu boca. Cuando se hace una lectura de las cartas o pensamientos de Pedro Poveda, se ve que provienen de una relación tan grande y tan fuerte con Jesús. Uno percibe en sus escritos una paz, una serenidad, una seguridad, una confianza, una capacidad para decir de forma distinta lo mismo, que Cristo tiene que ser nuestro apoyo. Lo dice porque fue alcanzado por el Señor. (…) No hay atisbos de la experiencia del miedo en Pedro Poveda, los hay de confianza. Había escuchado la voz del Señor: estoy contigo. 

En Guadix vio la realidad de las Cuevas, la pobreza de su cultura, la pobreza de la ignorancia, vio la indiferencia. Él salió a buscar a los que estaban fuera del pueblo, a las cuevas, al margen de todos, porque sabía que eso era lo que Dios quería de él. Eso no se puede hacer si no se es consciente de que es alcanzado por Jesuscristo.

Pedro Poveda vive una experiencia singular en Covadonga

En Covadonga, ante la Virgen, experimenta que a este mundo hay que darle un sabor diferente; que a esta tierra hay que darle no rupturas, sino encuentros, y que el ser humano que no descubre que es hijo de Dios y hermano de los hombres, permanentemente vivirá con rupturas y enfrentamientos. La cultura del encuentro, de la que nos está hablando tanto el Papa Francisco, no podrá ser realidad.

Ante la Santina de Covadonga siente que hay que entregar un sabor diferente.

Junto a la Virgen percibe el reclamo del protagonismo de los laicos y también de las mujeres. El Señor le hace sentir la urgencia de la misión, de salir, de ser sal y luz en el mundo. La misión pide salir, hay que poner en medio a Jesucristo, hay que darle al mundo un sabor diferente, una luz. Eso lo pueden hacer quienes han tenido un encuentro tan grande con el Señor que lo que hacen en el diario vivir y es transformador de la cultura y el ambiente en el que están.

La Institucion Teresiana nació en la Cueva de Covadonga, y nació sabiendo y percibiendo junto a la Santina, Pedro Poveda, que la caridad - el amor -, tenía que ser el distintivo de la misma. El amor, que fue el distintivo de los primeros cristianos. Además vio que para poder cambiar y dar sabor a este mundo, éramos amigos fuertes de Dios o no daremos el sabor de Dios y no cambiaríamos absolutamente nada. Qué bien viene recordar estas cosas en esta fiesta anual de San Pedro Poveda que celebramos. 

También en Covadonga sabrá Pedro Poveda que la Institución Teresiana es obra misionera por la presencia de sus miembros en todos los rincones de la cultura y la educación, donde están los hombres y mujeres de su tiempo. 

Pedro Poveda vive una llamada a la misión, Madrid

Pedro Poveda hoy nos hace una llamada a la misión, a salir. Madrid en un lugar donde nos hace esta llamada. En Madrid él perdió la vida por la misión, por anunciar a Jesucristo, por hacer perceptible que lo que decía, hacía y vivía, por lo que transformaba este mundo. No creaba odios, ni confrontación, creaba unidad.

Pedro Poveda nos anima a salir para defender la obra de Dios que es el ser humano, imagen de Dios. El ser humano tiene la hechura de Dios y a veces se rompe porque se daña la dignidad de las personas de múltiples maneras. La llamada de Pedro Poveda es a hacerlo al estilo de los primeros cristianos y con la elocuencia de las obras.

Qué la gracia del Señor esté con nosotros. Qué este Jesús por el que entregó la vida Pedro Poveda, nos haga sentir el gozo por un santo que tiene garantías de eternidad. Y que siguiendo sus pasos y sus huellas, nosotros alcanzamos esas huellas y se las regalamos a los demás.

Qué el Señor bendiga a la Institución Teresiana en todos los lugares donde está presente. Recordamos a Maite Uribe, su directora y a su Consejo de Gobierno.

I.T. 1917 - 2017: cumplir cien años de la aprobación diocesana y civil

0729-5Al concluir la celebración de la eucaristía Mª Dolores Martín, vicedirectora de la Institución Teresiana, pronunció unas palabras. Posteriormente se proyectó un vídeo que daba cuenta del desarrollo de la presencia internacional de la Institución Teresiana en estos cien años. 

“Un saludo afectuoso de Maite Uribe, que envía su felicitación cordial en esta fiesta; y también un saludo de todo el Consejo de Gobierno, del cual estamos presentes aquí Elisa Estévez, Emma Melgarejo y yo misma. Se unen tambien Cecilia Padvalskis desde Argentina, Carmen Lizárraga desde Roma e Inmaculada Pache desde Bogotá, donde hoy, con gran alegría para toda la Institución, se constituye una nueva Asociación ACIT: ACIT Colombia.

Los aniversarios son celebraciones de la vida compartida por un grupo. Hoy celebramos dos aniversarios:

  • los 81 años de la muerte martirial de San Pedro Poveda. Anoche se celebró en la capilla de Las Torres la vigilia eucarística sobre el ara del altar de la calle Alameda (Madrid), donde Poveda celebró su última eucaristía. Y hace unos minutos acabamos de celebrar aquí mismo la eucaristía de hoy, el memorial del Señor.
  • y los cien años de la aprobación diocesana y del reconocimiento civil de la Institución Teresiana, en Jaén, en 1917.

Cumplir años evoca siempre una historia: un ayer, del que venimos, una trayectoria vital, poblada de hechos, espacios y, sobre todo, de nombres y rostros, que llegan hasta nosotros dejándonos un legado. El ayer, conocido, acogido y agradecido, nos proporciona raíces, vínculos y pertenencia. Sin memoria, no sabríamos quiénes somos ni de dónde venimos.

Cumplir años invita también a la celebración de lo que hoy hemos llegado a ser. El hoy, una red dinámica de personas, identidades, relaciones, acontecimientos, tareas, empeños, sueños… En el hoy se juega de verdad nuestro papel en la historia, grande o pequeño (es lo de menos), se juega nuestra responsabilidad con la vida, la propia y la de otros, la vida de la común humanidad a la que todos pertenecemos. Sin presente, no tendríamos la oportunidad de ser, de ser con los otros.

Y cumplir años nos provoca a mirar hacia el futuro, un mañana que es proyecto humano compartido, esperanza activa y comprometida, amplitud de miras más allá de nuestras pequeñas fronteras, de lo que consideremos ganancias o pérdidas, sueños logrados o no cumplidos. Sin futuro y sin promesa ¿a dónde iríamos?

Ayer: evocación

Evocamos los pasos iniciales de la Institución, el proceso de dar cuerpo institucional –eclesial y ciudadano- a un proyecto evangelizador y cultural novedoso. Están ya en 1917 prácticamente todos los elementos de identidad de la Obra: eclesialidad, misión evangelizadora, ser laical, espíritu y fisonomía propias, mediaciones educativas y culturales específicas, unidad y diversidad, complejidad organizativa, permanente necesidad de formación... ¿Hubo atrevimiento? sí; ¿audacia? también; ¿dificultades? no pocas; ¿pocos medios? sin duda; y desde luego, mucho empeño, mucho trabajo, mucha fe y una extraordinaria vocación.

Hoy: invitación

Los cien últimos años de la humanidad han sido el escenario de acontecimientos que han cambiado el mundo y nuestra percepción del mismo. ¿A qué nos invita hoy este centenario de la Institución, que vivimos en un contexto tan diferente del que vivieron aquellas pioneras de 1917?

Estamos invitados a asumir de nuevo con decisión y empeño, con vocación y amor, la propuesta povedana y el presente de la Institución en el marco social y cultural del S. XXI. Es lo que, en sintonía con el mundo y la iglesia, intentamos hacer a diario, y lo que estamos humildemente haciendo, personal, comunitaria e institucionalmente, cuando preparamos la próxima Asamblea de todas las Asociaciones a.e. 2018 y buscamos, como dice nuestro objetivo: Identificar los desafíos de evangelización que plantea a la Institución el diálogo con diferentes personas y grupos socioculturales, priorizando dos sujetos: familias y jóvenes en situaciones de periferia. Discernir y decidir hacia dónde y cómo orientar nuestras energías.

Mañana: provocación

Hacia delante, hacia el futuro nos sostiene la provocación de la esperanza. El futuro… no está en nuestras manos. Es de Dios, del orden de la promesa, del Dios de las promesas, que es fiel y las cumple. El reino de Dios, Dios con su misericordia salvadora, encuentra los modos de llegar siempre, porque la semilla es abundante y el Sembrador sabe esperar, como nos recordaba el evangelio de hace unos días.

Lo que sí está en nuestras manos, lo que sí depende de nosotros y es nuestra responsabilidad –lúcida y audaz- es abrir caminos hacia ese futuro, de forma que venga lo que viniere, nos “pille haciendo bien lo que se nos ha encomendado”1. Dicen algunos autores2 que el cambio necesario para abrir caminos a ese futuro es ensanchar nuestro pensamiento desde la cabeza al corazón y pasar de los egosistemas, que se preocupan por el bienestar de uno mismo, al ecosistema que pone en el centro el bienestar de todos. La provocación de la esperanza se traduce en solidaridad consecuente y concreta, y se alimenta de generosidad, fortaleza y amor. No nos ha dado Dios un espíritu de temor, sino de fortaleza y amor3, dijo Poveda en 1912 y eso repetimos hoy, ciento cinco años después. Este es el espíritu de nuestra obra y gracias a él podemos seguir celebrando”.

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1 PUIGROVIRA: Valores para una emergencia educativa, Mesa Redonda ¿Qué educación en esta sociedad?. Cátedra Pedro Poveda de la Universidad Pontificia de Salamanca, Madrid 3 abril 2014, Fundación Pablo VI.

2 C. OTTO SCHARMER Y KATRIN KÄUFER, Liderar desde el futuro emergente. De los egosistemas a los ecosistemas económicos, Barcelona 2015.

3 PEDRO POVEDA, Creí por esto hablé [66] 1912.

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