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De Cracovia a Panamá: El Sínodo en camino con los jóvenes

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ROMA, Italia.
Emilia Paniagua, miembro de la Institución Teresiana y Marina Sampayo, de Acit Joven (España) representaron a la Institución Teresiana en el encuentro “De Cracovia a Panamá. El Sínodo en camino con los jóvenes”, organizado por el nuevo Dicasterio de la Santa Sede, Para los Laicos, la Familia y la Vida, del 5 al 9 de abril, en el Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae.

Participaron unos 300 jóvenes de 103 países y 44 movimientos, asociaciones o comunidades convocados para responder al sentir del papa Francisco: “La Iglesia desea ponerse a la escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe de cada uno; así como también de las dudas y las críticas. Hagan sentir a todos el grito de ustedes, déjenlo resonar en las comunidades y háganlo llegar a los pastores”. Tales palabras forman parte de la carta escrita a los jóvenes por el Papa al convocar al próximo Sínodo con el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

Otro de los objetivos del encuentro era la evaluación de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Cracovia y la presentación del trabajo del Comité Organizador de las JMJ de Panamá 2019. Los delegados participaron también en la Santa Misa del Domingo de Ramos en la plaza San Pedro de Roma, presidida por el papa Francisco, celebración de la JMJ en las diócesis como correspondía este año. Al finalizar la celebración la delegación de jóvenes de Cracovia entregó la “Cruz de las JMJ” a los jóvenes de Panamá, símbolo presente en todas las JMJ desde 1985.

Emilia Paniagua y Marina Sampayo fueron delegadas por el Consejo de Gobierno de la Institución Teresiana para representar a la Institución. Marina Sampayo comparte sus impresiones en un texto en “primera persona”.

Crónica en primera persona

0420-3Emi Paniagua y Marina SampayoEmi Paniagua y Marina SampayoFue como una cita a ciegas, pues poco sabía sobre lo que íbamos a hacer exactamente y menos sobre quién lo organizaba. Cuando se me propuso la participación en el encuentro organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida para la preparación del sínodo pensé: ¿qué será un dicasterio? ¿y en qué consiste un sínodo? Así pues, para salir de dudas, recurrí al gran recurso de muchos jóvenes, Wikipedia. El sínodo busca incluir tanto a jóvenes creyentes como a los alejados, pero ¿cómo va a ser esto posible si ni sabemos lo que es un sínodo? Esto me hizo darme cuenta lo lejos que está el lenguaje eclesial del juvenil y luego en el encuentro sugerir lo siguiente: una adaptación del lenguaje a los jóvenes y una búsqueda de canales de comunicación más cercanos, pues dudo que haya muchos jóvenes atraídos por los documentos descargables de la web del Vaticano.

Que la Iglesia confíe en nosotros

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Trabajamos de dos modos: mediante conferencias con un espacio para intervenciones libres; y en pequeños grupos de debate que luego presentaban sus conclusiones al resto. De este modo compartimos buenas experiencias, visiones de realidades locales muy interesantes y propuestas para acercar la Iglesia a los jóvenes.

Fueron unos días intensos en los que tuvimos tiempo de comentar muchos temas en torno a los jóvenes así pues sólo destacaré algunos. Primero, quiero transmitir la visión que se expuso de los jóvenes, que alegró y motivó a muchos: A los jóvenes no nos gusta ser exclusivamente objeto receptivo de dinámicas y proyectos pastorales, nos gusta crear, sentirnos útiles, ver que nuestro esfuerzo tiene frutos, que podemos enriquecernos entre todos y que somos, como decía Poveda, la “fuerza del mundo”.

Necesitamos que la Iglesia confíe en nosotros, que no tenga miedo a nuestra creatividad y vitalidad, que nos dé responsabilidades y herramientas; es decir, que nos acompañe como sujetos activos de la realidad del mundo. Sí es verdad que nosotros solos no somos capaces, por esto la comunidad es muy importante en nuestras vidas. Ésta nos acoge, nos guía humildemente, nos aconseja sin marcar, permitiendo que podamos sacar lo mejor de nosotros para todos los demás: mayores y niños, cercanos y lejanos, acomodados y desfavorecidos, pero sobre todo para nosotros mismos.

Quienes mejor entendemos a los jóvenes somos los mismos jóvenes, pues ¿qué mejor que trabajar nosotros en el acercamiento y la acogida de nuestros compañeros? Esta propuesta sin duda no excluye a aquellos que siendo más mayores hacen una labor estupenda, sino que quiere expresar el deseo de trabajar conjuntamente y que se confíe en nuestras capacidades.

Todas las vocaciones son válidas y necesarias

Otros dos puntos importantes que se trataron fueron la vocación y el discernimiento. Personalmente me encantó que se describiera la vocación de manera amplia como la forma que tiene cada uno de responder al inmenso amor de Dios. Ésta muchas veces no se nos revela de manera obvia, y menos ahora que vivimos rodeados de la cultura de la indecisión y la incertidumbre. Una vez más necesitamos el acompañamiento de otros más experimentados que nos ayuden en el proceso de discernimiento y la conformación del proyecto de vida. Se destacó, y quiero destacar, que no hay vocación más útil que otra, que todas son igual de válidas, iguales en complejidad y necesarias. Por esto deseamos que se acompañe a todos y especialmente a aquellos que se inclinan por el matrimonio que al ser lo más común, a veces se da por sabido y no parece ser pan comido.

Muchas ideas y propuestas quedan en el tintero al escribir esta breve crónica, no por esto quedarán a un lado. Aparte de los frutos del Sínodo de los Obispos también debemos cada uno de nosotros involucrarnos en este trabajo que propone el Papa a la Iglesia, y dar nuestros frutos como Institución Teresiana, Movimiento Acit Joven, y de manera individual en nuestro día a día.

Marina Sampayo Cortés, Acit Joven, crónica publicada en la WebIT de España.
                                                                           

Más información en la Web del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Historia de la Cruz del Año Santo o Cruz de los jóvenes.

  Info.IT

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