La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia

ROMA, Italia. 
Al iniciar la Asamblea de todas las Asociaciones a.e., el 21 de julio pasado, Maite Uribe proponía a la Institución Teresiana vivir “el Kairós de la sinodalidad: corresponsabilidad y articulación de dones y carismas”, (1) tanto en el hecho mismo de la asamblea como en su posterior etapa de puesta en marcha. Lo hacía en consonancia con la reflexión realizada por la Comisión Teológica Internacional, entre los años 2014 y 2017, plasmada en el documento: La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, publicado en el mes de marzo de 2018. 

El texto explica en el primer párrafo lo que significa el término sinodalidad en la experiencia eclesial de este tiempo de acuerdo a los frutos de renovación propiciados por el Concilio Vaticano II: “El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio»1: este es el compromiso programático propuesto por el Papa Francisco en la conmemoración del quincuagésimo aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos por parte del Beato Pablo VI. En efecto, la sinodalidad –ha subrayado– «es dimensión constitutiva de la Iglesia», de modo que «lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra Sínodo” (2).

“El trabajo fue realizado por una Subcomisión presidida por Mons. Mario Ángel Flores Ramos y compuesta por los siguientes miembros: Sor Prudencia Allen R.S.M., Sor Alenka Arko, de la Comunidad Loyola, Mons. Antonio Luiz Catelan Ferreira, Mons. Piero Coda, Pbro. Carlos María Galli, Pbro. Gaby Alfred Hachem, Prof. Héctor Gustavo Sánchez Rojas S.C.V., Pbro. Nicholaus Segeja M’hela, P. Gerard Francisco P. Timoner III O.P.”.

“Las discusiones generales sobre este tema se desarrollaron tanto a lo largo de varios encuentros de la Subcomisión, como durante las Sesiones Plenarias de la Comisión, realizadas en los años 2014-2017. El texto presente fue aprobado en forma específica por medio de un voto escrito por la mayoría de los miembros de la Comisión durante la Sesión Plenaria del año 2017. A continuación fue presentado para su aprobación a su Presidente, S.E. Luis F. Ladaria S.J., Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, quien autorizó la publicación después de recibir el parecer favorable del Santo Padre, el 2 de marzo de 2018”.

El documento señala en el punto 6 que “aunque el término y el concepto de sinodalidad no se encuentren explícitamente en la enseñanza del Concilio Vaticano II, se puede afirmar que la instancia de la sinodalidad se encuentra en el corazón de la obra de renovación promovida por él. En efecto, la eclesiología del Pueblo de Dios destaca la común dignidad y misión de todos los bautizados en el ejercicio de la multiforme y ordenada riqueza de sus carismas, de su vocación, de sus ministerios”. El papa Francisco destaca que la sinodalidad “nos ofrece el marco interpretativo más adecuado para comprender el mismo ministerio jerárquico” (3), en conformidad con la actitud esperanzadora de la Lumen Gentium.

El capítulo I está dedicado a reconocer la sinodalidad en la Escritura, en la Tradición, en la historia de la Iglesia. Se pone “en evidencia el carácter ejemplar y normativo del Concilio de Jerusalén (Hch 15,4-29). En él “se muestra en acto, frente a un desafío decisivo para la Iglesia de los orígenes, el método del discernimiento comunitario y apostólico que es expresión de la misma naturaleza de la Iglesia, misterio de comunión con Cristo en el Espíritu Santo” (4). Y concluye que “la sinodalidad no designa un simple procedimiento operativo, sino la forma peculiar en que vive y opera la Iglesia”.

El capítulo 2 dedicado a una teología de la sinodalidad, ofrece el marco teológico y pastoral de la sinodalidad partiendo de la Iglesia Pueblo de Dios como imagen del camino de comunión en el Dios que es Trinidad. “En el don y en el compromiso de la comunión se encuentran la fuente, la forma y el objetivo de la sinodalidad en cuanto que expresa el específico modus vivendi et operandi del Pueblo de Dios en la participación responsable y ordenada de todos sus miembros en el discernimiento y puesta en práctica de los caminos de su misión. En efecto, en el ejercicio de la sinodalidad se concretiza la vocación de la persona humana a vivir la comunión que se realiza mediante el don sincero de sí mismo, en unión con Dios y en unidad con los hermanos y hermanas en Cristo” (5). Desarrolla los fundamentos teológicos desde la eucaristía y el sentido de ser Iglesia, una, santa y católica. Describe el camino sinodal del Pueblo de Dios peregrino y misionero; expresión de la eclesiología de comunión; en el dinamismo de la comunión católica y en la tradición de la comunión apostólica. Se detiene asimismo en la participación y autoridad en la vida sinodal de la Iglesia.

El capítulo 3 se centra en la realización de la sinodalidad: sujetos, estructuras, procesos, acontecimientos sinodales. Entre los conceptos que desarrolla el texto subraya que en la experiencia sinodal en la Iglesia católica “resulta esencial la participación de los fieles laicos. Ellos constituyen la inmensa mayoría del Pueblo de Dios y hay mucho que aprender de su participación en las diversas expresiones de la vida y de la misión de las comunidades eclesiales, de la piedad popular y de la pastoral de conjunto, así como de su específica competencia en los varios ámbitos de la vida cultural y social”. (n. 73)

Al tiempo que se reconoce “con decisión el principio de la co-esencialidad entre los dones jerárquicos y los dones carismáticos en la Iglesia sobre la base de la enseñanza del Concilio Vaticano II. Esto implica la participación en la vida sinodal de la Iglesia de las comunidades de vida consagrada, de los movimientos y de las nuevas comunidades eclesiales. Todas estas realidades, surgidas a menudo por el impulso de los carismas otorgados por el Espíritu Santo para la renovación de la vida y de la misión de la Iglesia, pueden ofrecer experiencias significativas de articulación sinodal de la vida de comunión y dinámicas de discernimiento comunitario puestas en práctica en el interior de ellas, junto a estímulos para individualizar nuevos caminos de evangelización. En algunos casos, también proponen ejemplos de integración entre las diversas vocaciones eclesiales en la perspectiva de la eclesiología de comunión”. (n. 74)

Finalmente el capítulo 4 se refiere a “la conversión para una sinodalidad renovada”. Para la renovación sinodal de la vida y de la misión de la Iglesia; La espiritualidad de la comunión y la formación para la vida sinodal; La escucha y el diálogo para el discernimiento comunitario; sinodalidad y camino ecuménico; sinodalidad y diaconía social.

En este punto se señala que “la Iglesia está llamada a una constante conversión que es también una «conversión pastoral y misionera», consistente en una renovación de mentalidad, de actitudes, de prácticas y de estructuras, para ser cada vez más fiel a su vocación” (6) en coherencia con las propuestas de renovación a las que invita el papa Francisco de manera reiterada en su magisterio.

Descargar el documento en español y en francés (en inglés se podrá encontrar en este misma web en la versión inglesa) 

 

Info.IT 


1. Uribe Maite, Discurso de apertura, Asamblea de todas las Asociaciones a.e, (21 de julio de 2018)
2. Francisco, Discurso en la Conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos (17 de octubre de 2015): AAS 107 (2015) 1139.
14 Francisco, Discurso en la Conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos (17 de octubre de 2015): AAS 107 (2015) 1141.
4. Benedicto XVI, Homilía en la Misa de inauguración de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Aparecida (13 de mayo de 2007) : «(…) Este es el “método” con que actuamos en la Iglesia (…) No es sólo una cuestión de modo de proceder; es el resultado de la misma naturaleza de la Iglesia, misterio de comunión con Cristo en el Espíritu Santo (…) “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros…”»; AAS 99 (2007), 435.
5. Concilio Ecuménico Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes I, II, 24.
6. Cfr. Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium (24 de noviembre de 2013), 25-33. AAS 105 (2013) 1030-1034; V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento conclusivo de Aparecida, 365-372.

 

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